Duda razonable

Lo que le faltó al plan de Ebrard

Carlos Puig

Hace un par de meses en The Atlantic, David Frum escribió un largo y polémico artículo que tituló: “Si los liberales no se encargan de las fronteras, los fascistas lo harán”.

El texto describía, creo que con precisión, cómo la añeja inutilidad de los políticos estadunidenses para arreglar un sistema migratorio evidentemente roto hace mucho tiempo había, por ejemplo, sido fundamental en el ascenso de Donald Trump.

Describía Frum, por ejemplo: “En la actualidad, las decisiones de inmigración más importantes se toman a través de un mosaico de políticas desgarbadas y mal consideradas. Casi el 70 por ciento de los que se establecieron legalmente en los Estados Unidos ingresaron porque eran familiares cercanos de inmigrantes previamente admitidos. Muchos de los inmigrantes admitidos anteriormente eran a su vez familiares de alguien que había llegado incluso antes. Cada año unas 50,000 personas son legalmente admitidas por sorteo. Otros compran su entrada, invirtiendo una suma considerable. En casi todas las categorías de inmigración legal, los Estados Unidos ejecutan su política menos por una decisión consciente que por un retraso insoportable. El atraso de las personas cuyas solicitudes de inmigración han sido aprobadas para el ingreso pero que aún no han sido admitidas está ahora cerca de 4 millones”.

El último intento medianamente serio, pero frustrado, fue durante la presidencia del segundo George Bush. Desde hace muchos años lo que los estadunidenses han hecho es poner parches sobre parche que no solucionan nada.

No solo eso, ese marco normativo está lleno de hoyos que se vuelven imanes para aquellos que quieren migrar y crean tragedias como, por ejemplo, el enorme número de niños que hoy acompañan a los migrantes en la travesía.

En el documento que firmó Ebrard hay un compromiso de que si lo que se está haciendo no funciona —básicamente el uso de la fuerza—, se examinarán otros caminos como el “tercer país seguro” y se compromete la participación del Legislativo mexicano.

Nada pedimos a Estados Unidos respecto a cambiar la mala legislación, ni una visa más, ni DACA, ni un alto a deportaciones a mexicanos sin documentos. Nada. Solo nosotros pusimos.

Más allá de estos 45 días, el dilema planteado por Frum permanecerá.

@puigcarlos

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