Al Derecho

Fracaso federalista

Carlos A. Sepúlveda Valle

En 1824 se instauró en México el sistema federal, desde entonces, salvo el periodo de 1836 a 1847 en que prevaleció un régimen centralista, el federalismo ha estado inserto en el texto de las constituciones.

El federalismo es una invención de los estadounidenses que se reunieron en Filadelfia en 1787 para revisar la Confederación, forma en la que originalmente se organizaron los estados, las antiguas colonias británicas. El objeto de esa asamblea era encontrar soluciones a problemas prácticos, el más importante, formar un gobierno nacional que garantizara la paz, el comercio, las relaciones exteriores, y definir la forma de distribución del poder entre los estados, ya existentes, y el nuevo gobierno nacional o federal que se intentaba establecer.

De manera clarividente los constituyentes americanos redactaron en sólo siete artículos una Constitución (primera de la historia en forma escrita) en la que están sentadas las bases de su organización política, jurídica y económica, texto que sólo ha tenido 27 enmiendas, las primeras diez en 1991, lo que significa que los americanos han hecho una reforma cada 13.3 años (la nuestra de 1917 ha tenido más de 700 modificaciones, siete cada año).

La distribución de competencias es la piedra de toque del federalismo: “Las facultades que no están expresamente concedidas a los funcionarios federales se entienden reservadas a los estados”, esta cláusula residual ha sido rebasada modificando frecuentemente (más de 70 reformas) el artículo que define las facultades del Congreso General para asignarle más facultades expresas a la Federación, lo que ha provocado severas distorsiones del federalismo mexicano.

El federalismo hacendario, según Jesús Reyes Heroles, es un sistema precario ya que México recauda sólo 17.4% del Producto Interno Bruto en comparación con el 34.1% de los países federales de la OCDE, la carga tributaria se concentra en la Federación que recauda del 85% del total, lo que genera que los ingresos de los estados provengan de participaciones federales en un 90% como promedio.

La indefinición de competencias genera la inaplicación de normas e inejecución de acciones, problema que se agudizan en materias como seguridad, educación, salud, zonas metropolitanas, medio ambiente y otras, ya que no se sabe con certeza que les corresponde hacer a la Federación, estados y municipios, y aun cuando muchas de las competencias federales son concurrentes con los estados, esta solución no ha ayudado a resolver el saber a quién le corresponde hacer qué.

El problema de la multitud de ordenamientos jurídicos (33 leyes en cada materia), la duplicidad de acciones, estructuras administrativas y asignación de recursos como los destinados a la organización electoral, la creación de nuevos “sistemas nacionales”, y otros esquemas similares tampoco han servido de mucho.

Alberto Díaz-Cayeros, investigador de la Universidad de Stanford, sostiene que el centralismo autoritario de la Federación mexicana es un fracaso que se distingue por el enorme papel que juegan las transferencias federales, y si no se toman en cuenta esas vastas transferencias fiscales, no se puede entender por qué los gobernadores han sido verdaderos saqueadores de sus estados, por qué la reforma educativa ha sido tan difícil, el sistema de salud se encuentra fragmentado o los esfuerzos en seguridad pública parecen ser tan poco efectivos.

Agrega, todas las políticas públicas se estructuran sobre la base de un desfase fundamental entre qué ciudadanos pagan los impuestos y donde se gasta dicha recaudación, es notable que esta redistribución parece tener un impacto nulo o muy limitado en la reducción de las desigualdades, y es lastimoso constatar que después de veinte años de procesos de democratización, de esfuerzos por revitalizar el federalismo y un aumento muy considerable de las transferencias federales a estados y municipios, la desigualdad prácticamente no ha cambiado.

Los constituyentes mexicanos de 1824 copiaron literalmente la forma de organización, distribución del poder y la estructura judicial de los Estados Unidos, pero mientras allá se respetan los principios y las reglas constitucionales, aquí no sólo no se practican sino que se violan de manera cotidiana.

Miguel Mancera y Manuel Velasco tenían impedimento constitucional para ser senadores. El gobernador de Chiapas sin renunciar ni separarse de ese cargo se registró como candidato el 28 de junio (tres días antes de la elección le ordenó a un esbirro que renunciara a su candidatura), siguió ejerciendo la gubernatura y la presidencia de la CONAGO; el 28 de agosto solicitó licencia para rendir protesta como senador, el 29 se designó un gobernador provisional ya que Velasco piensa pedir licencia al Senado de inmediato para ser designado gobernador sustituto, ¡de él mismo!, concluir su ejercicio en diciembre y reintegrarse como senador. ¡Vaya impudicia!

El mal diseño constitucional, la violación cotidiana de leyes, la escasa fiscalización y rendición de cuentas, la ineficacia de los gobiernos, y sobre todo, el saqueo de las finanzas en muchos estados y municipios son muestras del fracaso federalista.

csepulveda108@gmail.com



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