Francotirador

El "Dios Polígrafo"

Celso Mariño

A “Ruperto -así lo llamaré para proteger su identidad-” lo conocí hace tiempo. Bueno, mejor dicho, hace mucho tiempo, en sus mejores años como policía estatal, sirviendo como escolta en el equipo de seguridad de dos Gobernadores de Jalisco.

No era mi amigo, si apenas cruzábamos saludo y preguntas básicas de ubicación de eventos tal vez; éramos unos conocidos muy distantes; generalmente él se conducía como la mayoría de sus compañeros, con cierta desconfianza para evitar despertar sospechas de que socializaba con los reporteros y que se pensara que “filtraba” datos. A los escoltas que platicaban con la prensa sus superiores les llamaban la atención, los arrestaban o de plano los regresaban al “operativo”: les quitaban el traje y zapatos para mandarlos como policías a la calle reemplazándolos sin mayor problema.

Hasta donde recuerdo,”Ruperto” hacía su trabajo cuidando del Gobernador, de su familia y de personalidades que venían a Jalisco. Siempre armado, con armas cortas y en ocasiones con otras no tan cortas.

Ahora me lo topé de nuevo. En un evento social lo reconocí ya con pelo entrecano, de saco desgastado... desarmado.

Como en antaño, lo saludé, ahora fue afable y platicador. Ya no es policía ni escolta, pero no por su gusto. Ahora es un “milusos” en un despacho de profesionistas que lo rescató del desempleo.

Pese a haber tenido bajo su responsabilidad la seguridad, vida y posesiones de altas autoridades durante más de seis años, “Ruperto” no pasó la prueba del polígrafo y lo dieron de baja. Así nomás. Ya no fue confiable de un día para otro ¡Y adiós!

Durante años he escuchado argumentos sobre los beneficios del polígrafo, pero casos como el de “Ruperto” pareciera que son suficientes para creer que se sobredimensiona la efectividad de esta herramienta valiosa, pero falible, y que se debe reconsiderar el esquema de valoración de los policías. Ojalá.

celso03@icloud.com

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