Francotirador

Promiscuidad saludable

Celso Mariño

No se debe divulgar el monto de la deuda externa del gobierno federal.

Se debe ocultar el monto y uso de las reservas internacionales del país.

No debe permitirse la libertad de expresión ni de prensa, porque desestabilizan el orden público y la paz social.

Los gobiernos deben ser integrados exclusivamente por fieles y sumisos militantes del partido en el poder…



¿Qué le parecen estos postulados? Si tú eres millenial seguramente te parecerán de lo más ridículas y estúpidas, pero si usted (sí, usted) es chavorruco o de modelo anterior, le recordarán algo: un régimen que se fue hace muchos años y cuyas prácticas, en su momento, eran de los más “normal” para miles de mexicanos.

Todos esos primeros postulados no solo son anacrónicos, obtusos, ridículos, contra natura, nunca debieron tener una razón de existir y afortunadamente no están vigentes o se han debilitado, pero detengámonos en el último punto: ¿el gobierno debe conformarse solo con militantes o simpatizantes del partido en el poder?

Bueno, pues también sorpréndete millenial (si es que aún sigues aquí), porque eso es también una práctica relativamente nueva, modernísima (chavorrucos, no se me desesperen) y las candidaturas independientes ¡ni se diga! (dejen menciono a Pedro Kumamoto para ver si se queda leyendo algún menor de 35 años).

Hace apenas 26 años que en Jalisco se invitó a colaborar en el gobierno estatal a un abierto opositor político. El panista José de Jesús Martínez Gil, tras consultar a su partido, aceptó ser el Director Jurídico de la Secretaría General de Gobierno –ahora sería el equivalente a una subsecretaría-, esto a invitación del entonces gobernador priista Carlos Rivera Aceves.

Y hace solo 24 años que un presidente priista, Ernesto Zedillo, colocó como su Procurador General de la República a un opositor, también del PAN: Antonio Lozano Gracia. De esa época a la fecha se han ido abriendo espacios en los gobiernos a políticos que eran adversarios, pero en los últimos dos sexenios la situación evolucionó aceleradamente a un fenómeno casi masivo: renunciar a un partido político para incorporarse a un proyecto distinto ya en el poder o muy cerca de estarlo.

Ahora no sorprende que cualquier proyecto electoral o de gobierno lo conformen políticos que han portado al menos otra playera partidista; una, dos o más, o que incluso surgieron de organismos independientes o apartidistas.

Más que del partido, siempre he creído que se debe analizar el perfil y los antecedentes del político que aspira a un cargo de elección popular o que fue designado en un puesto público.

Por ello no debe sorprender si en el gabinete virtual del presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, aparecen personas que militaron en otros partidos; lo verdaderamente relevante es si son congruentes ahora con lo que pregonaron antes y si tienen la capacidad para desempeñarse en su nuevo encargo.

Tampoco debería sorprender si en el equipo del próximo gobernador, Enrique Alfaro, por ejemplo, surgen nombres que estuvieron en otros partidos, en gabinetes de otros colores… en Casa Jalisco en otros tiempos. ¿Lo creería?

celso03@icloud.com

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