Crónicas Chuchianas

Esencial

Chucho Meza

“—Adiós —dijo el zorro—. He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos. —Lo esencial es invisible para los ojos —repitió el principito para acordarse.” El Principito.

Uno de los trabajos más fuertes como personas es encontrar nuestro propósito. El segundo más fuerte es no olvidarlo. Cuando decidimos arrancar un modelo de negocio y nos dedicamos a algo que -con suerte- nos apasiona, idealmente mantenemos prendida la llama que dio origen a todo, y ese entusiasmo nos empodera y acompaña por un gran trecho del viaje hacia la realización personal.

En ocasiones, para algunos, el trayecto se nos vuelve tortuoso, debido en parte por la manera en que vamos afrontando los retos; nos embolamos en procesos y la “cuenta de animosidad” va agotándose, y rara vez nos acordamos de incrementar el saldo. Y sin embargo, es probable que otros, fuera de nuestro negocio, reconozcan en nosotros un ejemplo a seguir, un modelo, una inspiración, y nosotros seguimos con nuestra “ceguera de taller”.

Stephen Covey, en su libro Liderazgo Centrado en Principios, nos invita a tener siempre presente la ley de la granja: preparar la tierra, sembrar, removerla, desbrozarla, regarla y abonarla con regularidad para que lo cultivado crezca y sea cosechado cuando alcance la madurez requerida. No podemos colocar nuestra esperanza de éxito en cosas externas. Tenemos que tomar el control y pagar el precio.

“¿No tengo derecho a quejarme y lamentarme porque las cosas no me salen?” Sí, lo tienes, mientras no te quedes estancado en ese momento. Identifica el problema y corta de raíz lo que haya hecho fallar el plan. Retoma y vuelve a intentarlo.

La pasión en lo que hacemos es lo que marca el norte de nuestros proyectos.

¡No la pierdas!

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