Hacha y machete

Cartas de amor

Cruz Amador

Las cartas enviadas entre Andrés Manuel López Obrador y Donald Trump dejaron claro cómo será la relación —nueva etapa en la relación, según el tabasqueño— entre ambas naciones ahora que se tengan que ver las caras como presidentes: uno diciendo y explicando sus planes de acción para mejorar la situación de su país y otro queriendo que todo se baile al son que él toque. Creo que todos sabemos quién ocupa cada papel. No es novedad.

A lo que sí se debe poner atención es a los puntos que AMLO trató como principales dentro de la «nueva relación»: comercio, migración, desarrollo y seguridad; en ese orden. El virtual presidente de México ve que la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) es imperante para iniciar con el pie derecho su gobierno, para, según él, no frenar las inversiones en el país y así fortalecer la economía, lo que provocará la generación de más empleos y por ende evitará la migración por violencia o pobreza a Estados Unidos; luego, con todo el dinero de inversionistas y liberando al país de la corrupción se tendrá tanto recurso que se podrá crear el corredor económico y comercial en el Istmo de Tehuantepec, fomentar el turismo en la zona sur y caribeña e impulsar el crecimiento industrial de la zona. Pero el norte no se queda atrás, pues la frontera del río Bravo también se verá beneficiada y se tendrán facilidades para la instalación de industrias de ambos países, así como una baja en los impuestos y un incremento al salario mínimo; será, según sus palabras «la última cortina para retener trabajadores en nuestro territorio». Y ya cuando todo sea un paraíso, la seguridad aumentará porque el vecino de arriba ya no comerciará armas, nosotros no mandaremos migrantes ilegales y todo será bueno.

El plan suena maravilloso y posible, sin embargo ¿qué tanto está dispuesto a entregar AMLO a Estados Unidos y Canadá para que le ayuden a cumplir sus promesas de campaña? La realidad es que no va a poder solo contra todo el sistema mexicano imperante desde hace más de 70 años; la ayuda para la pacificación, reordenación de la economía y el freno de la migración tendrá que llegar desde el extranjero, un tipo de Unión Europea en América del Norte.

El TLC es el camino para que nuevas multinacionales entren al país, entregarles recursos del sur, norte y centro para que puedan crecer a sus anchas, con la condición de entregar trabajos —menores, claro, por no decir miserables— a millones de mexicanos, mano de obra buena y barata —eso ya pasa en Guanajuato—. Con el incremento de empleos muchos de los candidatos a migrar podrían detenerse al ofrecerles una vida estilo estadounidense —¿si te alcanza para comprar en Costco para qué quieres irte?—.

La idea de fortalecer la economía en las fronteras atiende a dos razones, una, detener el flujo migratorio mexicano, y otra, más empresas significan más seguridad, más elementos policiacos que cuiden la entrada y la salida de los migrantes centroamericanos; la llegada de inversiones estadounidenses y canadienses vendrán acompañadas de una cláusula de «pero tú pones cortinas —¿muros?— en la frontera sur y a lo largo del país». Eso no me lo invento yo, Trump ya había comentado que México no hacía su trabajo en la línea con Guatemala y que no hacíamos nada por ellos. Al final, parece que Donald sí tendrá su joya, un muro de miles de kilómetros aderezado con derechos humanos y la propuesta de ayudar económicamente a los países de El Triángulo del Norte de Centroamérica. Las propuestas de ambos llegarán, uno tendrá su muro y otro tendrá su desarrollo y seguridad, si todo sale bien. «Hacer lo que sea para que el país se pacifique», dijo Olga Sánchez Cordero, próxima Secretaria de Gobernación.

La nueva relación será entregar el país para que se cumpla su desarrollo neoliberal —palabra maldita—, ya veremos cómo va todo eso con las comunidades originarias, con el EZLN, ecologistas y otras tantas minorías. AMLO por fin mostrará la cara fuera de la máscara de la izquierda, pero no se preocupen, no llegará la venezuelización que muchos buscaban. La política son pactos malditos, y todo apunta a que a Andrés Manuel le funcionará y sí pasará a la historia… ya veremos cómo.


cruz.amador@milenio.com



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