Hacha y machete

Del orgullo guanajuatense

Cruz Amador

Hoy es un día de orgullo para los guanajuatenses, un día para festejar y gritar que somos de Guanajuato, un gran estado lleno de gente que trabaja y tiene mucho para ofrecer. Estas líneas van dirigidas a los migrantes que hoy celebran el Día del Guanajuatense en Oxnard, California.

La fiesta se realiza cada año, con invitados de lujo y en convivencia donde se come, se bebe y se baila como se debe. De esta festividad podemos rescatar algunas reflexiones esperando no desbarrar mientras el texto continúa.

Lo primero que se me ocurre al pensar en una fiesta de este tipo es ¿por qué en Guanajuato no celebramos el orgullo de pertenecer al estado? Y no crea que me refiero a que los tiempos están como para estar festejando en cada cantina, comunidad o barrio; la falta de seguridad en la mayoría de los municipios sin duda ha mermado esa posibilidad.

Sin embargo, la pregunta sí puede ir encaminada a ese orgullo de pertenecer a algo, de sabernos afines a otros, a saber que compartimos con otros ciertas características, algo que nos distingue.

En eso los migrantes también llevan un paso adelante, al estar lejos de su tierra, de su familia, han logrado tener una comunidad de pertenencia, ya sean clubes, federaciones, etcétera.

Cierto es que no todos hemos tenido la necesidad de migrar, de buscar en otros lo que me distingue a mí, pero sí que se puede aprender. Los migrantes guanajuatenses se conocen y buscan aportar su granito de arena para que el estado mejore, no tendrían por qué hacerlo, sin embargo en su camino han decidido, muchos de ellos, aportar con todo lo que tengan a su alcance para ver a su tierra estar mejor.

Como comunidad, ellos tienen que luchar entre las políticas mexicanas que no permiten realizar el trabajo del todo, y las políticas estadounidenses que poco a poco están siendo más asfixiantes, empero, la lucha y el esfuerzo no baja; en Guanajuato, ese esfuerzo y persistencia se verá reflejado en la creación de la Secretaría de Movilidad y Migración, que si bien no es como se tenía pensada, ni se sabe si funcionará del todo, sí es un paso adelante en lo que se pretende.

Un logro que viene acompañado del orgullo de ser de Guanajuato y trabajar por él —claro, también hay otros intereses, no nos vamos a poner cien por ciento románticos, pero sí que el amor y la pertenencia de algún lugar pueden lograr cosas—.

¿Los guanajuatenses tenemos orgullo de ser de Guanajuato?

Es difícil la respuesta a esa pregunta, algunos dirán que sí, tenemos una universidad reconocida a nivel nacional e internacional, el estado es la cuna de la independencia, la sede del Cervantino, del Festival del Globo; sí, mucha fiesta y algarabía, pero ¿estamos orgullosos de nuestros barrios?, ¿del pan, de la cajeta, de las fresas, del calzado, de la piel, de las cocineras tradicionales, del mezcal, del huapango, del vecino?

Mientras escribía estas líneas pensaba en un corrido que en algunas de sus brillantes y épicas líneas dice soy de León y no lo echo al olvido, y aunque yo nunca he sido de esos que hinchan el pecho al hablar de su ciudad ni mucho menos, la verdad es que no preferiría ser de ningún otro estado. Aquí hay mucha madera que cortar.

Mientras tanto, no me queda más que felicitar a los migrantes en su festejo, quitarme el sombrero y decir: ¡salud!, por ser guanajuatense al igual que ustedes y otros miles que le entramos a los chingadazos de frente.

cruz.amador@milenio.com



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