Hacha y machete

Gloria y honor a un viejo y gastado relicario

Cruz Amador

Ingresé a estudiar Letras Hispánicas en la Universidad de Guanajuato allá por el 2010, en la capital del estado, y en ese momento ya tenía algo claro: la institución era un edificio blanco, imponente y aplastante con secretos entre los pilares y un montón de basura debajo de la alfombra.

Y sale poco a poco. Las denuncias contra profesores de la división de Ciencias Sociales y Humanidades del campus León, un día antes del informe de actividades del rector, fueron un golpe directo y contundente que dio duro a la institución que se ha ufanado de moralidad y de tener en el centro de todos sus proyectos y preocupaciones a los alumnos.

Ante las acusaciones el secretario general dijo no tener conocimiento de la situación ni mucho menos de las denuncias, ¿de verdad?, el acoso sexual dentro de la UG es un secreto a voces, todos los que tenemos historia ahí sabemos de algún caso, ya sea de primera mano o de voz en voz, casos de maestros a alumnos, entre colegas, entre alumnos y todas las combinaciones posibles.

Hay muchas historias de ultratumba.

A toda la colmena no nos es ajeno el tema; muchos lo hemos vivido a en carne propia. Recuerdo que en mi primer semestre había un profesor que se empeñaba en invitar a mis compañeras a salir, luego lo corrieron, no por eso, sino por incompetente; varias leyendas y grandes nombres de la UG, se sabía, buscaban besos, abrazos y acostones con el alumnado o entre los colegas.

En el 2015 una vaca sagrada golpeó e intentó violar a su becaria, ella denunció confiando en las instancias de la universidad, ¿qué pasó?, la corrieron. Otra compañera denunció, con grabaciones y todo a su director y, ¿qué pasó?, también le dieron las gracias. Sin embargo no todo es fatalista, en otros casos los agresores fueron ferozmente castigados con ocho días de descanso para recapacitar.

Los casos se saben, la institución sabe de ellos, el alma máter de miles de guanajuatenses y foraneos —incluyendo autoridades, trabajadores, alumnado—. Pero, si es tan del saber de todos, ¿qué impide entonces que las denuncias no trasciendan y no se resuelvan como deberían?, pueden ser muchos factores: la buena cara que la UG se empeña en mostrar, los intereses y lazos políticos que tienen con el gobierno, el poco interés para con los alumnos y trabajadores, la hermandad y camaradería entre príncipes de la institución. Vaya usted a saber, pero imagínese un escándalo contra esas personas importantes, VIP. Ni dios lo quiera.

La UG es una mafia que embelesa a sus fieles, un vidrio que se confunde con algo precioso, un ente que enamora y forma un orgullo que ciega.

A mitad de la carrera supe que a mí no me llenaba de honor y gloria se Abeja UG; cuando salí voltee a ver mi experiencia con esa institución amorfa, sin rostro, y comprendí que no le debía nada. De esos cinco años rescato algunas personas, pocas conversaciones, amigo(s) y tal vez algún altercado.

Las denuncias públicas tendrán que mostrar algunas cosas de la Universidad, la primera es ¿cómo va a manejar la institución las demandas y cómo actuará para investigar? Demostrará si la UG está comprometida con sus alumnos, sus preceptos morales y con su supuesta identidad. Si soluciona los casos de acoso sexual en el campus León, la Universidad de Guanajuato no estará dando salida a un asunto aislado, estará dando un mensaje a todo el estado y atenderá uno de todos los males que le aquejan. Estaré atento.

cruz.amador@milenio.com





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