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Trabajo sucio

Daniela Mendoza Luna

Desde hace un par de años, incluso antes de la era Trump, el Instituto Nacional de Migración en México viene haciendo el trabajo sucio de la Border Patrol.

Con el aseguramiento de migrantes centroamericanos exhibimos una vez más la capacidad de seguir a la saga de un vecino que no nos respeta, y que además ejerce violencia en contra de nuestros connacionales.

En Nuevo León no existe una estación migratoria para las personas que pasan por la entidad en su camino a los Estados Unidos; hace 17 meses que está cerrada por encontrarse en condiciones inhumanas, según un reporte de la CNDH.

Los migrantes habían estado siendo enviados a Saltillo, hasta que aquella estación también se vio rebasada y quedó en las mismas condiciones que la de NL.

El pasado fin de semana, poco más de 300 personas fueron rescatadas de traficantes ilegales y no había un espacio donde asilarlas. El Gobierno del Estado salió al quite instalándolos temporalmente en el Macrocentro Comunitario de San Bernabé, hasta que concluyó su traslado hacia la ciudad de México, desde donde serán repatriados.

Aunque el aseguramiento se dio en condiciones de rescate de las personas que eran trasladadas en condiciones inhumanas, y no se les persiguió de ningún modo, el improvisado refugio exhibe una falta de rigor en el proceso, y de compromiso del INM por hacer su trabajo con apego a los derechos humanos,

Si a eso le sumamos que, según la Encuesta Nacional sobre Migración, 42.2 % de los consultados dijo haber sido víctima de robo, en tanto que 20.9% refirió que uno de los principales problemas a los que se enfrentaba al cruzar México era el secuestro y el crimen organizado.

No hace muchos meses, en redes sociales se encendía la indignación por la separación de los migrantes menores de sus padres, y las condiciones en las que se encontraban, pero cuando se trata de ver lo que se hace en suelo nacional, pareciera que todos prefieren mirar a otro lado.

Twitter: @dameluna



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