Correr para crecer

Correr y llorar

David E. León Romero

“La recuperación del agotamiento facilita la creatividad individual”

Phillip Gary Smith

 

Juan Pablo, mi hijo mayor, comentó hace algunos días que yo nunca lloro. Su afirmación se basa en que, efectivamente, bajo circunstancias normales, prácticamente yo no lloro, sin embargo, él desconoce que regularmente en cualquier maratón, en alguna de sus etapas, se me escapan algunas lágrimas que se disfrazan de sudor.

¿Mientras corres te han dado ganas de llorar? A mí sí. La mezcla de emociones, el orgullo de estar conquistando una meta, los recuerdos tristes y felices, el cansancio y el entusiasmo que transmiten los corredores, la música y los espectadores, me conmueven siempre y, en ocasiones, hasta me provocan llanto.

Los especialistas dicen que correr estimula la actividad cerebral, lo que incrementa la intensidad emocional. Además, cuando estamos exhaustos, somos menos cuidadosos y olvidamos limitarnos en la demostración de nuestras emociones, lo que facilita que, si tenemos ganas de llorar, lloremos.

Corredores como tú y como yo lo detallan con absoluta claridad: “Por ahí del kilómetro 32 automáticamente lloré de emoción, lo sorprendente es que no fue por dolor”; “no me pasa muy seguido, pero cuando estoy muy abrumado, la claridad que siento al correr, hace que comience a llorar”; “el cansancio, la música, la multitud gritando porras y algunos llamándome por mi nombre, me hicieron llorar de inmediato, provocando uno de los momentos más especiales de mi vida”; “casi siempre los últimos dos kilómetros de mis maratones son para llorar, sintiéndome orgulloso de conquistar de nuevo la meta”.

Al llorar mientras corro siento una especie de alivio o de purga, como si todo aquello que he ido acumulando y tolerando, de pronto se fuera liberando, hasta dejar ese espacio vacío, poniendo el contador en ceros y provocando de inmediato una sensación de calma y satisfacción.

La tensión de la semana, el recuerdo doloroso que se refleja en alguna parte del cuerpo, y la contención por meses o años de situaciones preocupantes, en ocasiones se liberan con el paso de los kilómetros. Correr es el vehículo que nos permite estar en contacto con nuestras emociones, atenderlas y darles salida.

Correr es reconocer y redescubrir tu cuerpo a detalle. Además, kilómetro a kilómetro tu mente va ordenando el material en su interior, permitiendo procesos de reflexión profunda, claridad y resolución de problemas. Por último, correr es una especie de clavado en una alberca de emociones, donde a mayor distancia recorrida, mayor profundidad alcanzamos en aquello que sentimos.

Si puedes, corre, y si corres, llora.

Abastecimiento. El próximo 28 de julio se correrá la edición número 13 del Medio Maratón de la Ciudad de México, un gran evento que nos permite calentar motores rumbo al gran maratón de nuestra capital.

Si el trabajo lo permite, ¡allá nos vemos! 


dleonromero@gmail.com

@DavidLeonRomero


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