Correr para crecer

¿Por qué corremos tanto?

David E. León Romero

     Dispara hacia la luna. Incluso si fallas, aterrizarás entre las estrellas
Les Brown, escritor y orador


La silueta que provoca el corredor levantando los brazos y la mirada hacia el cielo al cruzar la meta de una carrera, es una imagen que ha sido registrada en pinturas rupestres, lo que demuestra que el ser humano ha acostumbrado correr con distintos fines a lo largo de su historia.

Sabemos que la distancia más emblemática de este deporte es el maratón, compuesto por 42 kilómetros y 195 metros; sin embargo, la frontera entre lo posible y lo imposible se ha alejado cada vez más a distancias y tiempos realmente increíbles: decenas de maratones en días consecutivos, más de 24 horas corriendo sin parar y cientos de kilómetros a lo largo de semanas sin dejar un solo día de correr hasta acumular miles de ellos.

¿Qué es lo que lleva a un corredor a buscar cada vez mayor distancia? La explicación no es nada sencilla y hasta resulta contradictoria.

En muchas ocasiones poco tiene que ver con la búsqueda de una mayor fortaleza física. Algunos dicen que lo hacen para meditar, pensar, dedicar tiempo y encontrar un espacio para la reflexión. Correr se sufre, pero a la vez se disfruta intensamente; lastima, pero a la vez sana. Fomenta la claridad mental y persistir hasta alcanzarla es lo que provoca continuidad y con ello el cruce de límites.

Arrancamos solos y lo demás queda atrás, lo superfluo se aleja, lo que abruma se aparta, alcanzando con el paso de los kilómetros un estado de descanso profundo, en medio de un esfuerzo agotador. El cuerpo tiende a desparecer, a pasar a segundo plano. La atención se disipa, pero a la vez nos sentimos sensiblemente vivos. Las sustancias que invaden el cuerpo provocan una sensación de fortaleza y totalidad. Correr es sentirse orgulloso, completo, satisfecho y reconfortado por vencer algo desconocido que parece imposible y que por lo mismo produce miedo.

Seguimos corriendo porque este gran deporte no tiene límites. Puedes ser bueno, pero siempre habrá espacio para mejorar, ser más rápido, correr más lejos. El porqué de las acciones es importante; sin embargo, en el caso de correr, lo que se vive es mucho más grande que la razón misma por la que lo hacemos.

Abastecimiento: Te recomiendo leer el libro Sky Runner, escrito por Emelie Forsberg. 

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