Correr para crecer

Rómpase en caso de emergencia

David E. León Romero

Haruki Murakami. “La mayoría de los corredores corren no porque quieran vivir más, sino porque quieren vivir la vida al máximo”

Sí, correr funciona muy bien en casos de emergencia. A continuación, a través de tres breves historias, te cuento el porqué.



1

Tomás, conductor de televisión, alguna vez sentado en un sillón frente al aparato, se vio en pantalla y repentinamente pensó: “ya no quiero ser así”. Pesaba más de 120 kilos y de pronto estaba decidido a cambiar. Históricamente veía a los corredores como extraterrestres y le parecía increíble que pasaran horas corriendo bajo el sol. Con todo y ese antecedente, una vez decidido a cambiar, al día siguiente se puso unos tenis y comenzó a correr. Como todo, al principio fue muy complicado, pero poco a poco cubrió mayor distancia. El deporte lo obligó a ordenar su agenda y sus hábitos. Hoy pesa 88 kilos y su vida es absolutamente distinta.



2

Gary se describe como un hombre que se encontraba traumado y abrumado por la ansiedad. Fue diagnosticado con depresión y pensaba en suicidarse. El estrés, las largas jornadas de trabajo y la falta de equilibrio provocaban que llegara a casa cada noche a abrir una botella de vino. Bebía intentando frenar por un momento la ansiedad y la preocupación. La ingesta de alcohol no le permitía descansar adecuadamente, lo que le provocaba una acumulación de cansancio. La rutina configuró un círculo vicioso cada vez más profundo. En el punto más álgido, recibió la medicación de un especialista. Los espacios de calma que le daban los medicamentos le permitían tomar decisiones de largo plazo. Fumador, presentaba un deterioro tremendo a nivel físico, mental y emocional. En uno de esos espacios de calma decidió tres cosas a la vez: bajar su consumo de alcohol, dejar de fumar y comenzar a correr. Gary refiere que la enfermedad mental te encierra y que correr te permite poco a poco salir de esa prisión. Cuatro meses después, la producción de endorfinas le permitió dejar los antidepresivos. Pasó del fondo del abismo a correr más de 40 maratones. Gary sentencia: “no hay personas negativas cruzando las metas de los maratones”.



3

Las terapias y las pastillas no eran suficientes. Zoe quería suicidarse. En público se mostraba fuerte, en privado se sentía destrozado. Su depresión era tremendamente profunda. No dormía, no pasaba un día sin llorar y estaba hundido en lo más hondo. Zoe menciona que no sabe realmente cómo salió de ese sitio. Le resultaba absurdo que en la sima de su tristeza, cuando no tenía ánimos ni para levantarse de la cama, le recomendaran hacer ejercicio. Un día, sin saber qué pasó, comenzó a caminar y en vez de escuchar solamente sus ideas, comenzó a escuchar los sonidos del ambiente. Con el paso de los días, la velocidad subió, correr se convirtió en un momento de distracción y a la postre de motivación. Correr lo insertó en un ciclo positivo y su vida cambió.



Abastecimiento. Si el principio de alguna de estas historias se parece a la tuya, anímate y corre, estoy seguro que el final también será similar.


dleonromero@gmail.com

@DavidLeonRomero



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