Sin rodeos

¡Colón al paredón! y las nalgas del rey

Diego Fernández de Cevallos

Si Diosmanuel quiere la transformación de México —como la ha pergeñado: “consultando a la Madre Tierra”— antes de hacer peticiones al rey de España lo primero que debe lograr es suprimir del Himno Nacional la soberana mentira de que “un soldado en cada hijo te dio”.

Durante siglos se ha inculcado en los más vulnerables el culto a la derrota, y lo congruente sería cantar: “una víctima en cada hijo te dio”. De esa manera se justificarán las disculpas que pide al rey, seguiremos llorando por cómo “otros” nos tienen así; y que gobiernos nacionales continúen embaucando a los débiles, ante la ausencia de ciudadanos comprometidos socialmente y de instituciones fuertes que hagan valer la ley y los derechos humanos.

Gran consuelo será para los eternamente violados seguir escuchando de “indigenistas” (cada 12 de octubre, Día de la Raza) su grito patriótico: “¡Colón al paredón!”.

Tal vez ese culto a la derrota no nació al concluir la Conquista, sino a partir de nuestra vida independiente, porque ha sido el ardid preferido por gobernantes ineptos y ladrones para justificar sus fechorías.

Es mentira que Hernán Cortés y 400 que con él vinieron de ultramar derrotaron al formidable ejército Azteca, conformado por docenas de miles de guerreros, bien reconocidos como valientes.

A los conquistadores se unieron “pueblos originarios” (tlaxcaltecas, totonacas, otomíes, purépechas y otros más) para librarse del genocidio, exacciones y violaciones que por siglos padecían de los aztecas.

Cierto que nada justifica los crímenes de la Conquista, pero gracias a ella, FINALMENTE CIVILIZADORA, Huitzilopochtli dejó de tragarse miles de corazones humanos palpitantes. Corazones de hombres, mujeres y niños de “pueblos originarios” a los que nadie les pedirá perdón.

Da pena leer al gran escritor español Arturo Pérez-Reverte refiriéndose al presidente de México: “Si este individuo se cree de verdad lo que dice, es un imbécil. Si no se lo cree, es un sinvergüenza”. ¿Cómo refutarlo?

Si el Canciller mexicano dice que la relación entre ambos países es CORDIAL y RESPETUOSA, ¿qué reconciliación se requiere, de no ser la nacional?

No, los verdaderos propósitos de su provocación son dos: 1) distraer la atención pública de su ineptitud como gobernante, y de sus tropelías a la ley, la democracia y la economía nacional. 2) llevar música a 12 millones de “originarios”, 500 años después de la Conquista y 200 de la Independencia.

Pero es riesgoso andar pidiendo disculpas. Recientemente se difunde lo que se atribuye a Quevedo y al rey de España Felipe IV. El escritor sostenía que una mala disculpa puede ser peor que el hecho que la motiva. El rey lo retó a probarlo, y apenas dio vuelta, Quevedo puso las manos en las nalgas del rey y le dijo: perdón señor, pensé que era la reina.

¡Cuidado con las disculpas!

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