Sin rodeos

Deben ser respetuosos, respetables y respetados

Diego Fernández de Cevallos

La semana pasada la mayor atención mediática fue para la discusión y aprobación de la Guardia Nacional en el Senado.

Pero me referiré aquí a otro acontecimiento de singular importancia: lo afirmado por el presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, ministro Arturo Saldívar, sobre las relaciones que deben existir entre los tres Poderes de la Unión.

Se trata de la entrevista que le concedió a Joaquín López-Dóriga en Radio Fórmula. Fue un acontecimiento por varios motivos, entre ellos, porque es, tal vez, la primera ocasión en que el presidente del Máximo Tribunal acude personalmente para someterse en tiempo real al escrutinio público de un periodista. Éste: profesional y respetuoso, pero sin concesiones; aquél: directo, puntual, contundente e inequívoco, no eludió cuestionamiento alguno.

Los interesados en temas torales de la vida del país deben conocer el contenido íntegro de esa charla. Comprobarán la trascendencia del Poder Judicial en este México agraviado y violento, inmerso en grandes retos, expectativas, ilusiones, incertidumbres y confrontaciones.

A guisa de ejemplo le diré a usted que el Ministro Presidente sostuvo que la independencia y autonomía del Poder Judicial de la Federación, frente a los demás poderes, no se acreditará participando en debates políticos ni espectáculos mediáticos, sino con sus resoluciones y sentencias.

Respecto a su relación con el actual gobierno, dijo: “yo simplemente voy a reiterar que la independencia y autonomía del Poder Judicial se demostrará en nuestras sentencias. Cuando nosotros no seamos dignos de esta independencia, a través de nuestros fallos, que se nos critique, pero que no se nos exija que asumamos un papel en la vida política que a los jueces no nos toca. La Corte no es ni puede ser un partido de oposición, no es ni puede sustituir a las oposiciones políticas”. ¡Impecable!

No obstante, hechos recientes y reiterados obligan —en mi opinión— a una definición adicional: qué hacer frente a calumnias de un poder contra otro poder. Si el Presidente de México —sin pruebas— ha tildado de MAÑOSO, TRAMPOSO Y CORRUPTO un proyecto de una Sala de la Corte, no es una opinión, es ofensa artera, y no aislada.

Querámoslo o no, en una sociedad inculta “el que calla otorga”, ¡cuidado!, la calumnia es la forma más vil para arrasar con honras de personas y devastar instituciones.

Sí, toda corrupción debe denunciarse ante las autoridades competentes y la sociedad, aportando pruebas que la sustenten, pero que un poder vomite injurias contra otro poder erosiona gravemente la vida de la República.

Todo gobernante debe respetarse y respetar a los gobernados y a las instituciones.

El Poder Judicial, con mesura y firmeza, debe atajar las ofensas que provengan de otro poder, porque toda calumnia algo perverso y degradante deja.

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