Sin rodeos

Los mendrugos garantizan mendigos

Diego Fernández de Cevallos

Este gobierno incrementó las políticas asistencialistas. No ha presentado un racional y auténtico Plan Nacional de Desarrollo, pero sí el reparto multimillonario de recursos públicos para más de veinte millones de precaristas. ¿Por qué? Porque “lo merecen los pobres” y “primero los pobres”.

Esa política dadivosa no es nueva. Cientos de miles de millones se han despilfarrado y la pobreza crece. La diferencia es que antes los “apoyos” procedían de las instituciones gubernamentales —con saqueos de por medio— y ahora, para “combatir la corrupción” los decide y entrega de manera directa la voluntad del Presidente. Mientras le convenga que MORENA sea beneficiaria de tal coartada, adelante, siempre que le sirva a él para ocupar un lugar con los “grandes de la historia”.

Este Gobierno no tiene interés en una cruzada educativa y cultural que eleve el ser y la forma de vivir de los desposeídos, porque está en su conveniencia darles mendrugos que garanticen su postración y les sirvan para votaciones “a mano alzada” y, en su momento, en las urnas.

LOS POPULISTAS NO NUTREN A LOS PUEBLOS, SE NUTREN DE ELLOS.

La pésima educación que provee el Estado y algunas instituciones privadas ha creado DERECHOHABIENTES sin responsabilidades. Son acreedores universales, por eso está enfermo el cuerpo social y en quiebra las instituciones.

Mas aún, el mexicano común se solaza en sentirse VÍCTIMA, sin asumir culpas propias. A ello ha contribuido la historia oficialista y maniquea.

Así, desde la perspectiva presidencial, la Conquista fue solamente despojo, ignorando que también produjo el encuentro de dos mundos desconocidos, la fusión de sangres y la creación de la Nación Mexicana. Nación que ha enfrentado la soberbia, la ignorancia, el bandidaje, la mentira, la indolencia, la cobardía y la traición que la han acosado desde que nació y ha sobrevivido precisamente porque sus valores espirituales son superiores.

Dejemos atrás la falacia de que las luchas sociales han sido batallas de ángeles contra demonios, de “pueblo bueno” contra “traidores”. Esa proclama perversa impide la unión de los mexicanos, porque atiza los resentimientos para dominio de bribones.

Mientras las críticas al Presidente, por sus flagrantes atropellos a la ley y a la razón, las considere socarronamente como prueba de que queremos su fracaso y el de su gobierno, en realidad busca: 1) distraer la atención para no responder a ellas; y 2) seguir polarizando a la sociedad entre “ellos” y “nosotros”.

Lo cierto es que no es tiempo para llorar infortunios ni arrojarnos al infierno de los resentimientos, sino para entender al mundo de hoy, con nuevos e inmensos desafíos, pero no menores oportunidades.

¿Seremos capaces de hacer de México la casa de todos y para todos? No es hasta hoy la prioridad del actual gobierno.

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