Sin rodeos

Para los que llamó “mis mascotas”

Diego Fernández de Cevallos

Una lección del pasado proceso electoral es que el voto de castigo —opción perfectamente democrática— debe tomar en cuenta a quién se repudia y a quién se le da la confianza.

No se sabe de votantes que hoy se duelan de haber sufragado en contra de, pero son tal vez millones los arrepentidos de haber votado en favor de; porque su voto resultó ser como la quimioterapia: que mata células malignas, pero también a las sanas. Fue medicina que terminó siendo peor que la enfermedad. De eso no hay duda, basta con ver a la economía, la criminalidad, la corrupción y la realidad entera que ahora padecemos. Todos los grandes desastres se han agravado.

Otra enseñanza de los comicios de 2018 es que no debemos creer en las promesas de los candidatos ignorando (o tratando de ignorar) su pasado. Hacerlo entraña imbecilidad y castración. Es axiomático que los ilusos terminan desilusionados.

¿Y sus aún fieles, esos que llamó “mis mascotas”, agravio solo superado por la pestilente afirmación de que la pandemia le cayó “como anillo al dedo”? ¡Si hablaran los más de 40 mil muertos vería cómo le quedarían el dedo y el anillo!

Esas “mascotas” que le siguen creyendo (así sea por las migajas que les da y les ofrece para mantenerlas miserables) lo merecen, salvo las incapaces de entender y discernir, pues son sus víctimas indefensas en todo el sentido de la palabra. Los que se acomodaron arriba simplemente son obscenos.

Lo cierto es que si usted votó por él y le sigue creyendo es que tiene al gobernante que merece. Si está enterado que antes de la pandemia derrumbó a la economía abajo de cero, y le sigue creyendo, es que usted lo merece.

Es evidente que a dos años de su gobierno siguen aumentando dramáticamente los crímenes de alto impacto, si le sigue creyendo, es que usted lo merece.

Ha devastado al sistema de salud, provocado la pérdida de millones de empleos en 24 meses; es imparable la fuga de capitales y él es el principal transgresor de la Ley; si le sigue creyendo, es que usted lo merece.

Si a pesar del odio y la división que atiza entre los mexicanos, y que se humilla ante Trump —el que más ha agredido a nuestros migrantes— le sigue creyendo, es que usted lo merece.

Si lo escuchó despreciar la función de las computadoras (porque “nuestros héroes no necesitaron de ellas”) si está de acuerdo en que la dieta de los mexicanos sea “maíz, arroz y frijol”, y que no debemos aspirar a más de “un par de zapatos”, es que usted se lo merece.

Si no le avergüenza que en 10 renglones que escribió en la Embajada de México en EU dejó para la historia 12 faltas de ortografía, sí, pequeña “mascota” siga con el “honor” de apoyar al depredador.



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