Sin rodeos

Una pericial en psiquiatría

Diego Fernández de Cevallos

Sin Estado de Derecho, México seguirá siendo botín de pocos y tierra ensangrentada de todos.

La justicia, la prosperidad y la paz no son regalos, se conquistan por ciudadanos gobernables y gobernantes responsables, sometidos a la Ley.

Nuestras desgracias son consecuencia de que la ley no es norma de vida, y sus principales transgresores suelen ser quienes desempeñan cargos públicos.

Escuchar excusas y señalar culpables nada resuelve. Lo cierto es que en el ADN nacional se hallan pocos genes de verdadera ciudadanía y compromiso con la legalidad. De poco sirve la diarrea legislativa que constantemente hace y deshace la normatividad. Son ociosos los cantos y homenajes a la Constitución y a los “héroes que nos dieron patria”. Son inútiles las fiestas cívicas con cohetes y pirotecnia que dejan como saldo sobre los “patriotas” solamente varas quemadas y cenizas.

Cuando gobernantes y gobernados nos sujetemos a la ley superaremos la barbarie; y ésta no es únicamente el cúmulo de atrocidades cometidas por criminales desalmados que asuelan el territorio nacional con saña inaudita, hay otra, silenciosa como el cáncer y el gas venenoso: la que se cubre con bono democrático, que enarbola estandartes de legalidad y justicia, y que ahora, en la transformación de cuarta, dice como estribillo “por el bien de todos, primero los pobres”.

Abundan casos del pasado y del presente que sustentan el aserto anterior.

Un hecho de barbarie —no puede calificarse de otra manera— sucedió la semana pasada: en 37 segundos el presidente López Obrador canceló una obra pública en la Comarca Lagunera (en Durango) con un costo de varios miles de millones de pesos. Me refiero al METROBÚS que uniría a los municipios de Matamoros, Torreón, Gómez Palacio y Lerdo para dar servicio a una población de millón y medio de habitantes.

37 segundos fueron suficientes para que violara múltiples preceptos legales y constitucionales, incluidos los del Pacto Federal, usando su truco favorito: la farsa de “consultar al pueblo bueno a mano alzada” en un mitin a modo. Todo en 37 segundos. Entiéndase: el que dice “nada contra la ley, nadie por encima de la ley” hace contra todo derecho y razón lo que le da la gana en perjuicio de la población.

Y no se atreva usted a preguntarle dónde quedó su palabra dada el 28 de diciembre pasado de que el gobierno federal aportaría 470 millones para el METROBÚS. Él responderá: “yo tengo otros datos”, “yo tengo autoridad moral, no soy corrupto”, “usted es un fifí” y su clásica bravata de “me canso ganso”.

Cierto que su promesa la hizo el día de los Santos Inocentes, y sabe que cuenta con al menos 30 millones de estos, pero los afectados deben llevar el caso a los tribunales para que se concluya la obra, SIENDO UNA DE SUS PRUEBAS LA PERICIAL EN PSIQUIATRÍA.

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