Crónica de Torreón

¿Reliquia sin virtudes?

Dr. Sergio Antonio Corona Páez

La celebración de “la reliquia” es una costumbre originaria de Zacatecas y naturalizada desde hace mucho tiempo en la Comarca Lagunera. En la mentalidad popular, implica una promesa o manda hecha a un santo por una persona o una familia, por el año que pasó y agradecer la protección del santo, o bien para pedir su protección año tras año Esta manda o promesa se concretiza con la celebración anual de su fiesta en las casas, con rezos, con danzas y con una comida especialmente hecha para la ocasión, que en la Comarca Lagunera es conocida como “comida de reliquia”.

Esta comida votiva consta de un guisado, asado de puerco (“asado de boda”) y siete (número sagrado) sopas diferentes. Estos platillos se reparten entre los asistentes al rezo, e incluso entre quienes lo soliciten, sean vecinos o no. Su propósito es filantrópico en la medida en que hay un reparto de comida entre los vecinos y asistentes.

El asado de puerco nutría el cuerpo de quienes iban de lejos —ranchos o haciendas vecinos— a celebrar la devoción. En cambio, las siete sopas nutrían el alma. Porque la ingestión de cada una de estas sopas representaba la promesa y voluntad del creyente de servir a Dios y al santo, mediante la práctica de las siete virtudes opuestas a los pecados capitales: La humildad, contra la soberbia; la generosidad, contra la avaricia; la castidad, contra la lujuria; la paciencia, contra la ira; la templanza, contra la gula; la caridad, contra la envidia; la diligencia, contra la pereza.

De esta manera, tenemos el contexto completo del significado de esta práctica tan popular en la Comarca Lagunera, contexto prácticamente desconocido. En efecto, “la reliquia” era a la vez devoción, rezo, comida, danza en ocasiones. Pero solía ser también un compromiso de vida, una promesa de práctica de las virtudes cristianas hasta la siguiente fiesta del santo, fecha en que el compromiso se renovaba.


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