Intelecto opuesto

Tercer round en el Congreso

Eduardo González

Este 11 de septiembre los diputados locales de la 64 Legislatura en Hidalgo están citados de nueva cuenta para intentar concluir de una vez por todas, la sesión constitutiva que inició el martes pasado en Pachuca.

Ocho largos días han pasado desde el 4 de septiembre, que fue el primer día de trabajo de los actuales legisladores y estamos por llegar a la primera quincena del mes y, como cualquier empleado en cualquier empresa, uno se pregunta si cobrarán por los días laborados, o también se irán a receso administrativo.

Y es que, mientras unos y otros pelean por el poder de un Congreso y todo lo que ya se dijo que hay detrás, la realidad del ciudadano es de molestia ante la parálisis legislativa.

Tampoco es que Hidalgo esté frenado o no avance sin los diputados. Digo, no se ha tenido ni una sola sesión, ni trabajo parlamentario desde inicios del mes y hay quienes ni se han dado cuenta.

Pero al ser uno de los tres poderes del estado, por mandato constitucional y por ley (sí, la que modifican a placer) se tiene que echar a andar el Congreso de una u otra forma.

Mal haría en no decir lo que la gente piensa y más en estos casos que es cuando se vuelve inevitable. Por eso la labor del periodista que es salir a las calles a investigar, me llevó por negocios y establecimientos del Centro Histórico de Pachuca, por calles con comerciantes y un paradero del transporte público, donde la realidad es otra.

A la gente no le interesa quien coordina la Junta de Gobierno, la gente quiere trabajar, ganar un salario, tener mejores condiciones de vida, sobrellevar el día a día sin tantas presiones.

Los diputados creen que están haciendo patria o inventando la democracia, pero no. Noticias. Hidalgo es más que un puñado de personas que tuvieron la oportunidad de participar en las campañas y que fueron electas por el voto de quienes hoy confían en el presidente electo Andrés Manuel López Obrador. Los demás, pues por la obra y gracia del sistema político mexicano.

Por eso me siento en la imperiosa necesidad de expresar lo que escuché de la gran mayoría –que esa sí es mayoría- en las calles. Desacuerdo con los partidos, desaprobación del puesto del diputado, mala fama, desconocimiento de sus labores, desconfianza de que se traten de personas que busquen el bienestar del pueblo. Y así.

Creo no hace falta ser un mago para saber que la vox populi es implacable y más en tiempos de la “cuarta transformación” donde se vale todo.

Hoy mientras la gente común esté cumpliendo su jornada laboral, o el chofer del taxi lleve 12 o 15 horas en el volante, o el oficinista esté por comenzar sus horas extras, los diputados locales intentarán darle sentido a su cargo con el tercer round de la pelea por la Junta de Gobierno. Hay cuando terminen le avisan a la gente.

eduardogonzalez.lopez@milenio.com

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