Igitur

De algo ya dicho

Erandi Cerbón Gómez

Walter Benjamin cuestiona en La labor del traductor si al realizar una traducción se piensa en los lectores que no entienden el idioma original, pues esa sería la única razón posible de transcribir “la misma cosa” en distinta lengua. “¿Qué ‘dice’ una obra literaria? ¿Qué comunica?” Nada a aquel que no la comprende, pero “su razón de ser fundamental no parece la comunicación ni la afirmación, más bien lo intangible, secreto, poético”. Y entonces, ¿por dónde abordamos el tema cuando lo plantean irreductible? Justamente mediante el lenguaje.

Traducir implica además de pasar de una lengua hacia otra, proveer algo con significado dándole un contexto. A continuación hay una selección de fragmentos que muestran al poeta no como un evasor de la realidad, pues es un traductor, que dispone del hecho al margen de su capacidad lingüística no para evadirlo, sino para convertirlo en una idea menos despiadada, despojándola del concepto per se. Tres poetas hispanoparlantes de actualidad y correspondientemente un verso que desprovisto de rima tiene ritmo. Personajes aferrados en preservar “lo que sea humano” en una empresa crítica. De tal disposición surgen las palabras:

I. Andrés Neuman
La muerte es un idioma contra el que se ha nacido.
Aunque nadie jamás podrá enseñármelo,
no quiero llegar mudo hasta el final.
Nombrarla es la renuncia y es el éxito.

II. Chantal Maillard
Bien pensado, es posible que Platón
no sea responsable de la historia:
delegamos con gusto, por miedo o por pereza,
lo que más nos importa.

III. María Negroni
¿qué pensás del atardecer?
a lo mejor mañana alcanzaremos el sol
en el jardín de lo indeleble
no es fácil saber morir
de flores inesperadas.

¿Por qué ocuparse en componer los hechos en términos poco elementales? Debemos esforzarnos por alcanzar lo humano y representarlo con gracia e interioridad. Estos personajes son un ejemplo de que cualquier tiempo, inclusive el de crisis, puede sobrellevarse no necesariamente “a cuestas”, sino sencillamente dejándose llevar, mejorando las condiciones.

Nos disponen de perspectivas que de lo contrario solo tendríamos la zozobra de una realidad sin matices. Como un propósito urgente se van haciendo coetáneas palabras que con dificultad habrían de llevarse juntas y de pronto forman lazos inquebrantables.

Las opciones están muy reducidas: o nos acomodamos ingenuamente entre las convenciones y no se sobrepasan o el escritor reconoce el mundo y decide rendirle cuentas. Lo que llamamos poesía, aparte del concepto romántico que figura en las antologías exige darle importancia a aquello que juzgamos irrelevante. A estos autores, aunque los persigan obsesiones, el estira y afloja de la poética, subyacen en lo importante: el carácter receptivo, incólume. Y así vamos logrando una comunicación que es tal, sin quedarnos presos en la cárcel del lugar común.

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