Columna de Esteban Garaiz

Besamanos y república

Esteban Garaiz

Eso que algunos hombres públicos llaman “reducir la pobreza y la desigualdad”, en la realidad es desmontar lo mucho que queda de Virreinato y construir la república genuina. Todavía hoy.

Porque esa pobreza y esa desigualdad vienen del nacimiento mismo de la nación mestiza de hace 500 años: más de 20 generaciones. Sustentada en la violencia de la conquista; y también colonización en tierras no vacías.

No es prurito histórico de anclarse en el pasado. Todo lo contrario: es no taparse los ojos; es ver lo presente que está el pasado en nuestro presente: éste siglo XXI.

Hace 100 años el gobernador revolucionario de Yucatán, General Salvador Alvarado tuvo que decretar la eliminación del besamanos obligatorio de los peones a los patrones.

El decreto se expidió en 1915, casi 100 años después de la farsa de la Independencia Trigarante de 1821, y 91 de la Constitución de la República.

El decreto también prohibía los azotes y cancelaba las deudas heredadas, y la obligación de ir a misa. Hace 103 años. Quedan muchos polvos de aquellos lodos.

Si don Justo Sierra en 1893 reclamaba a los diputados que “cuatro quintas partes son parias y no tienen derechos”, hoy INEGI nos confirma estadísticamente que al menos la mitad de aquellas cuatro quintas partes siguen excluidos sin incorporarse realmente a la sociedad nacional: sin verdadera escolaridad primaria, sin verdadera atención a la salud, sin participación en la vida productiva, sin capacitación para la vida civil (que la flamante reforma educativa olvidó por completo).

No es sólo carencia de ingreso. Es franca marginación: es pobreza radical; es exclusión de la república; 200 años después: la república y sus valores esenciales para la vida en común: libertad, igualdad, fraternidad. La Revolución Mexicana del siglo XX dejó la tarea a medias.

Así que si el nuevo Poder Legislativo Federal y el nuevo Poder Ejecutivo Federal con la bandera de la Regeneración Nacional quieren arrancar la Cuarta Transformación de México (tan necesaria y urgente) tendrán obligadamente que cimentarla en superar los vergonzosos rezagos que nos quedan de las tres Transformaciones Nacionales previas: los arraigados restos del Virreinato, en la teórica república.

O quizá eso significa esencialmente la Cuarta Transformación. Porque también la corrupción, que se desató en estos 40 años, es una herencia ininterrumpida del Virreinato, junto con la insufrible desigualdad, ahora disparada.

Demoler el régimen virreinal para construir la república durante el siglo XX significó un esfuerzo titánico.

Por fijar un plazo: de 1920 a 1980 el gran esfuerzo transformador, que fue reconocido en el mundo como “el milagro mexicano. Primero: reforma agraria, liberación campesina, ciudadanía universal, alfabetización, internados rurales, universidades, formación politécnica, producción agropecuaria propia.

Crecimiento económico propio sostenido al 6 por ciento anual; obras hidráulicas, electrificación, comunicaciones, urbanización, industria básica, siderurgia, petroquímica, remuneración laboral, seguridad social, vivienda.

Desarrollo cultural: literatura, filosofía, música, arquitectura, muralismo, deporte, cine propio, radio, paz social.

Por supuesto, grandes sombras: guerra fría (delito de disolución social), anticomunismo, represión, unanimidad, presos políticos. Estamos a punto de cumplir el cincuentenario de la tragedia del 2 de octubre del 68… en medio de la gloria olímpica.

Para el último cuarto del siglo xx la revolución se cansó; torció el rumbo. Dejó a medias la tarea en casa y nos metimos irreflexivamente a la quimera de la globalidad. Así nos ha ido. Perdidos los valores republicanos de la igualdad, la libertad y la fraternidad. Más de 40 millones todavía fuera de la convivencia republicana. Seres humanos mexicanos bajo cero.

En cambio, hicimos de la estúpida competitividad una especie de valor social. Cuando no pasa de ser el instinto estacional de los machos en celo. El que los clásicos sublimaron con los juegos olímpicos y hoy se hace con el deporte.

Cuando mucho, es un activo comercial. Esa competitividad que está sabiamente regulada desde hace 101 años en el artículo 28 constitucional, para que no degenere en monopolios que se tragan a la competencia económica.

Mucha tarea tiene por delante la Cuarta Transformación para reconstruir la armonía republicana; y ya se le están colando los gérmenes de su propia descomposición. Construir la república a partir de un virreinato es un proceso largo. Es inacabable; y es vivo.

www.estebangaraiz.org



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