Juego de espejos

Salinas y Colosio

Federico Berrueto

El tema central sobre Luis Donaldo Colosio es quién lo asesinó. Alfonso Durazo declara inequívocamente que ocurrió en el circuito del poder. La mayoría de los mexicanos hacen propia la tesis del complot a contrapelo de la exhaustiva investigación que concluye que Aburto en solitario habría sido quien le ultimó. Situación distinta con lo que ocurriría meses después con el homicidio de José Francisco Ruiz Massieu, crimen en el que se acreditó la responsabilidad intelectual de Manuel Muñoz Rocha, persona próxima a Raúl Salinas de Gortari.

Llama la atención que en la serie Colosio y en el documental 1994 no hubieran recogido lo que sí hizo la revista Proceso (http://cort.as/-IZc7) y que ofrece mucho material para la dramatización de los acontecimientos y una mejor aproximación al contexto y sus actores centrales, según los más cercanos colaboradores de Luis Donaldo. Lo señalado por el semanario el 22 de abril de 1996 es revelador porque su referencia son las declaraciones ministeriales, incluso da cuenta de la carta que Ernesto Zedillo le dirige a Colosio a días del homicidio en la que revela la desconfianza de Colosio y Zedillo hacia Carlos Salinas. También el artículo de Krauze “Los idus de marzo” ofrece valiosos elementos que debieron haber considerado (http://cort.as/-Iehn).

La relación de Colosio y Salinas fue mala. No podía ser de otra manera. La campaña, en el testimonio de los colaboradores de Luis Donaldo y la crónica de los hechos acredita la perversidad del Presidente al utilizar a Manuel Camacho como potencial candidato sustituto. Allí está el testimonio de José Luis Soberanes, quien por encomienda de Colosio cuestionó a Otto Granados, gobernador de Aguascalientes, por darle el apoyo a Camacho para remplazar a Colosio. Otto señaló que lo hizo por instrucciones del Presidente, como también lo hicieran Patricio Chirinos, gobernador de Veracruz, y Emilio Gamboa, miembro del gabinete. Sí hubo intento de sustituir candidato y Colosio estaba enterado.

El documental y la serie no abordan temas públicos y de interés extremo: el registro del candidato ante el IFE explica el discurso del 6 de marzo. El registro significaba que el candidato ya no podía ser removido, requería de la aprobación del Consejo Político Nacional, afín a Colosio. El registro fue el 4 de marzo. Para todos en la campaña llegar a esa fecha significaba ganar la Presidencia. La incertidumbre no estaba en el voto de los mexicanos, sino en el veto de Carlos Salinas y su insidia en utilizar la ambición de Camacho.

Lo de menos es si Salinas tuvo conocimiento previo del discurso. Lo relevante es el mensaje, ya que fue una forma no de ruptura, pero sí de marcar distancia ante un Presidente rehén de megalomanía y de quien se especulaba pretendía regresar a la Presidencia una vez que se modificara la Constitución para establecer la reelección presidencial no consecutiva.

Otro elemento público ignorado y que obra en testimonios ministeriales, es el diálogo que Raúl Salinas sostiene con José Luis Soberanes en el vuelo de regreso de Hermosillo a Ciudad de México, después del sepelio de Luis Donaldo Colosio. Viajaban el presidente Salinas, su hermano Raúl, Ernesto Zedillo y Fernando Ortiz Arana; Raúl le pide a Soberanes el apoyo para que los cercanos a Luis Donaldo respaldaran a Manlio Fabio Beltrones como candidato sustituto. Allí, también, Carlos Salinas con agobio decía que él no tenía otro candidato que no fuera Colosio, Soberanes le corrigió, sí tenía: Manuel Camacho.

Luis Donaldo fue objeto de traición por Carlos Salinas. Ocurrió cuando concedió a Manuel Camacho la negociación de la Paz con el EZLN y lo habilitó como posible candidato sustituto. Colosio vivió un infierno hasta el registro el 4 de marzo, dos días después relanzó su campaña y fijó posición. El 17 el Consejo General del IFE aprobó el registro. El 23 fue asesinado. ¡Julio César, cuídate de los idus de marzo!

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@berrueto

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