Columna de Federico González Celaya

Distribuir la riqueza alimentaria de México

Federico González Celaya

Hace más de dos décadas llegué a los bancos de alimentos. Fue en Hermosillo, donde me dedicaba a la agricultura. En el campo, comencé a darme cuenta de una paradoja: hay mucho alimento que sobra, que se queda en el surco después de la cosecha, y tanta hambre como lo que se desperdicia, alimento en excelente condición para el consumo que, por diversas razones, no alcanza a comercializarse. Se pudre a cielo abierto. 

Un “pecado social” de los que diría Gandhi. Mis trabajadores venían del sur del país, sorteando peligros, abandonando su parcela, su familia, para poderles llevar de comer, cuando en la cosecha sobraba alimento: era esa “riqueza en desuso” que, más tarde, recuperarla y repartirla sería parte de la misión de la Asociación Mexicana de Bancos de Alimentos (AMBA), ahora convertida en la red de Bancos de Alimentos de México (BAMX) que, con 54 bancos operando, es la segunda red de bancos de alimentos más grande en el mundo.

El modelo de los bancos de alimentos es increíblemente eficaz. Se trata de evitar el desperdicio de alimento recuperándolo con oportunidad para hacerlo llegar a las familias más pobres. Desde que participé en la fundación del banco de Hermosillo en 1995, hasta hoy que presido la red, he sabido que es una misión con pies y con cabeza.  

Los pies son para caminar junto a los pobres. La cabeza significa usar el mismo talento que utilizamos en las empresas para establecer alianzas, fortalecer procedimientos, rendir cuentas, buscar nuevas formas de evitar el desperdicio, fomentar la cultura de la donación, ser trasparentes, incidir en políticas públicas, asociar empresas, productores y gobiernos, movilizar sociedad y, en resumidas cuentas, jugárnosla por los que menos tienen, en el espíritu solidario y subsidiario que caracteriza nuestra raíz mexicana.

A partir de 1987, cuando el modelo de bancos de alimentos llegó a Guadalajara; de 1995, cuando se estableció AMBA (también con sede central en Guadalajara), hasta hoy, con nuestro centro neurálgico instalado en el Parque Industrial de Tepeji del Río (Hidalgo), hemos conservado lo más importante que tiene un grupo surgido de la libertad asociativa: la mística de servicio.  

No perseguimos fines de lucro, somos parte de la Red Global de Bancos de Alimentos y contamos con 4 mil empresas y organizaciones aliadas. Pero lo más importante: el impacto de la BAMX va más allá del rescate y distribución de alimentos: es una misión de paz al implementar proyectos de desarrollo humano integral en las familias y comunidades que nos otorgan su confianza y, ¿por qué no decirlo?, su amistad.

La red opera bajo el paraguas de los objetivos para 2030 de las organizaciones de la sociedad, en lo que respecta a reducción de la pobreza, hambre cero, producción y consumo responsable, así como disminución de 50 por ciento en pérdidas y desperdicio de alimentos.  

Si bien pensamos en el futuro, estamos absortos en responder a los desafíos del presente. Hoy mismo atendemos a 1.2 millones de mexicanos de forma regular con 10 mil voluntarios.  

Cada día trabajamos para transformar la realidad de 4 mil 200 comunidades en todo el país con una flotilla de 384 vehículos de acopio y distribución de alimentos. Con más 100 mil toneladas de alimento rescatado cada año, tratamos, con absoluto respeto a la dignidad y fuera de cualquier proyecto político, a 281 mil familias en pobreza alimentaria a lo largo y ancho de nuestro querido México.

Lejos, muy lejos de BAMX echar las campanas a vuelo. Hay demasiada “riqueza en desuso” como para pretender que “estamos haciendo la diferencia”. Lo que estamos haciendo es cumplir con una obligación moral: nadie que se dé cuenta de la esquizofrenia social proveniente de la suma perversa “alimento que se desperdicia + hambre que mata = normalidad” puede quedarse impávido.  

En BAMX estamos empeñados en revertir —aunque sea de forma modesta— esta iniquidad disfrazada de determinismo histórico. Al final del día, seguimos siendo “siervos inútiles”, cuya única virtud es el cumplimiento de nuestro deber, del deber que nos constituye como ciudadanos y como mexicanos.

*Presidente de Consejo de la Red de Bancos de Alimentos de México.

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