Entre paréntesis

Noticias de la UNAM

Fernando Escalante Gonzalbo

En la portada de Reforma una foto con media docena de muchachos sentados en el piso con unas velitas: “Claman por paz”. El texto dice que “alrededor de una veintena de universitarios participaron en una manifestación pacífica en la explanada de Rectoría”. Se me ocurre que si eran una veintena, pudieron haberlos contado y decirnos si fueron 17 o 18. Como sea, clamar por la paz es algo muy serio.

Las noticias de la UNAM tienen casi siempre temperatura épica. Más o menos la de La Ilíada. Lo de estos días: Brutal agresión. Ataque a la UNAM. Intereses ajenos. La anti-universidad. No estábamos preparados. A sangre y fuego hasta el edificio de la Rectoría. La UNAM es patrimonio de América Latina. El rector llama a la unidad. Pretenden debilitarnos. No prevalecerán quienes quieren dividirnos. El lenguaje es el de una guerra de liberación. Aprovechan para exhibirse los ex rectores, que tampoco sabían que hubiese porros.

Si hablamos en serio, todos sabemos que los porros son parte del ecosistema de las universidades públicas (y algunas privadas), han servido siempre para hacer huelgas o reventar huelgas, para defenestrar funcionarios, para escenificar agresiones, para protestar o apoyar según hiciera falta: para hacer política. Las universidades son una pieza fundamental del sistema político, que cumple extrañas funciones de presión, legitimación, organización de clientelas, y sirve también para desvío de recursos, simulación de contratos. Es la educación, nadie pregunta.

Episodios como los de estos días son enormemente importantes para renovar el valor simbólico de la universidad, y que siga siendo útil. El Universal encontró una foto de un joven con un palo, parecida a otra del Jueves de Corpus: “Porros de la UNAM reviven varas de ‘halcones’ del 71”. Esto es como aquello. Todo una misma lucha de los universitarios por la democracia. Los estudiantes encuentran motivo para asambleas que duran días, y que concluyen exigiendo educación pública y gratuita, y la democratización de la universidad. El señor presidente (electo) anuncia que se acabarán los porros, igual que lo anunciaron los siete u ocho presidentes anteriores.

Como siempre, sale reforzada la autoridad moral de la universidad. Y desde luego, la autonomía.

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