Elitismo para todos

Fórmulas para salir adentro

Fernando Solana Olivares

El consejo taoísta dice: cede y permanecerás intacto. El dilema es precisar ante qué ceder, verbo pasivo entre cuyos sinónimos está una forma inteligente de la abstención. El divino no de los persas.

Henry de Montherlant observaba a quienes en la fila del autobús se hacían a un lado para no ser arrollados por los otros. Los malditos tranquilos al margen de las mareas. Estos, como Julio César, que acallaron el maligno eco del autoconcepto y la opinión sobre ellos de los demás.

Le admiraba que esa gente economizara energía emocional, que no sufriera por causas innecesarias pues sin duda le bastaban las dificultades verdaderas de su vida. Otro autor, Murena, sugería aprender la anacronía, es decir, la libertad mental y sensitiva para moverse hacia dentro, para salir del tiempo histórico de afuera y recogerse en la conciencia interior.

Quién sabe cómo suene todo esto en momentos actuales, cuando según la última encuesta de Gallup crecen la ira, la tristeza y la preocupación en todo el mundo. Ante los cruentos escenarios que se vislumbran precisamente hoy —violencia exponencial, clima devastado, preguerra en el estrecho de Ormuz, enfrentamiento comercial titánico entre Estados Unidos y China, más todo lo que se deba adicionar— es necesario considerar un kit de sobrevivencia, así sea conceptual. Un recetario operativo de aplicación inmediata.

Las reflexiones que siguen son una glosa de Gregory Bateson y Marcelo Pakman, envueltas en otras consideraciones. Todo lo sabemos entre todos y es necesario indagar. Dado que el mismo sistema de pensamiento que provocó una situación no puede resolverla, estas ideas propuestas tratan de rectificaciones, de desaprendizajes, de trabajo en lo echado a perder. Sufren la aflicción de estos días: no hay mucho tiempo para ponerlas en práctica.

A) Rectificación de un modo equivocado de percibir lo consciente. Ha de comprenderse que el “yo” personal y sus propósitos (deseos, miedos, opiniones, goces, dolores, etcétera) son una porción minúscula del mundo y también de la misma mente del individuo, así parezcan ocuparla toda. De tanto en tanto uno debe librarse de sí mismo, hacer silencio interior.

B) Rectificación de una relación incorrecta o incompleta con el lenguaje, el cual primero es comunicativo (orienta, informa, narra el hecho objetivo, lo que se vio) y en segundo término es descriptivo (trasmite emociones, subjetividades, aquello que ante el hecho se sintió). Ahora la gente dice “yo siento” en lugar de “yo pienso” y la información no se comunica sino que se “comparte”. Compartir es dar un fragmento de algo, comunicar es hacerlo común.

C) Rectificación del abundante error que mezcla y no distingue procesos mentales conscientes de aquellos que son preconscientes. La conciencia es el conocimiento que un ser tiene de sí mismo y su entorno; la preconsciencia está hecha de contenidos síquicos que la conciencia ignora. La equivocación consiste en creer que nuestra conducta es racional cuando obedece a causas y razones que desconocemos. O sea, el yerro de racionalizar nuestras irracionalidades.

D) Rectificación de los errores conceptuales de la biología del siglo XIX (y antes de la religión cristiana) que se esforzó en desembarazar al cuerpo de la mente, lo mismo de la filosofía occidental que se esforzó en descarnar a la mente. El templo es la cárcel del alma según Platón, y asiento del pecado, según la cristiandad punitiva. No, esa es una costosísima equivocación filosófica y somática que ha durado milenios: el ser humano es cuerpo/mente, cuerpo/espíritu a la vez. El cuerpo representa el templo del alma, como afirman los hindúes. Donde no hay dioses hay fantasmas, escribió el poeta Novalis.

E) Rectificación de la creciente brecha entre el intelecto y la emoción. El verdadero pensar no disocia el amor y la sabiduría, o sea, solo se ama lo que se conoce y al revés. El conocimiento técnico e instrumental es un saber insensible, mecánico, así sea científicamente sofisticado. Ese saber sin afecto siempre está allá. El intelecto junto con la emoción conocen aquí, donde están.

F) Rectificación del acento puesto en el conocimiento antes que en el conocer. Dicho simplemente: lo importante es el proceso mismo, el conocer, más que su resultado. El neoliberalismo del proletariado digital, que todos somos, publicita el conocimiento por su aplicación, su rentabilidad, su resultado material. Debe saberse rápido que el ser se realiza en la comprensión y que ésta está en el trayecto y no en la llegada.

A todo lo anterior, Bateson lo define como integridad, una cuestión ética también que significa integrar muchas partes y niveles mentales, todos los aspectos de uno mismo y de la experiencia vital, el cuerpo y la mente como una responsabilidad. En una hermosa fórmula recuperó una certeza ausente del pensamiento científico: “El nexo individual de senderos que llamo ‘yo’ es solo parte de una mente más vasta”.

Estos pasos para una ecología de la mente consisten en una flexibilidad capaz de integrarse a una unidad sagrada con la biósfera. Bateson tenía un lema: “Unificar y, por lo tanto, santificar”.

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