Siete puntos

Linchar

Francisco Gómez

1. De acuerdo a un estudio del Instituto Belisario Domínguez, del Senado de la República, en los últimos 26 años se han registrado cerca de 400 linchamientos en México, principalmente en los estados del centro-sur del país. Los expertos en el tema coinciden en que la causa de esta aberración hay que encontrarla en la absoluta desconfianza de las poblaciones, sobre todo en las zonas rurales, hacia sus autoridades. Hacerse justicia por propia mano sigue practicándose en el siglo XXI… ¿por la incapacidad de las Policías?

2. Sí, pero como todos los fenómenos sociales, son varios los acercamientos que podemos hacer. En primer lugar, la gente está hastiada de un sistema de justicia corrupto, y de un protocolo legal que parece proteger más a los delincuentes y menos a las víctimas. ¡Cuántas historias se platican sobre ladrones que son aprehendidos y más pronto que tarde son liberados! Ya sea por complicidad de las autoridades, o por falta de denuncias, no se castiga el delito. Sin embargo, quiero resaltar tres aspectos en los linchamientos.

3. En primer lugar, está la creciente saña irracional con la que se ejecuta a un supuesto delincuente. No estamos ante el ahorcamiento de un ser humano, ni siquiera a que se le asesine a golpes, prácticas las dos terribles. En días pasados se quemaron vivas cuatro personas, en los estados de Puebla e Hidalgo, porque se presumía que querían robarse a unos niños. Es imposible imaginar el sufrimiento del que muere de esta manera, como también las miradas –¿complacientes? ¿indignadas?– de quienes asisten a la dantesca ejecución.

4. Un segundo elemento es el anonimato. Casi siempre son turbas enardecidas las que toman por asalto las comandancias de las policías para secuestrar a los supuestos delincuentes y, de la manera más cruel, lincharlos. Es cierto que se aprehende a alguno de los ejecutores, pero la masa asesina queda impune y, victoriosa, saciada su sed de sangre, espera nuevas oportunidades para la barbarie. La protección que representa andar en bola, esconde la cobardía de quien no se atrevería a hacer lo mismo de forma individual.

5. Los recientes linchamientos nos permiten una tercera reflexión: fueron provocados por fake news, noticias falsas que circularon en redes sociales, y que alertaban sobre la presencia en las entidades mencionadas de robachicos. La histeria colectiva se alimenta de rumores, que a fuerza de repetirse se convierten en verdades incuestionadas. Después se supo que los asesinados eran inocentes de esas acusaciones, lo que agravó aún más el hecho. Pero, a ver. Si hubieren sido culpables: ¿sí merecerían ese tipo de muerte?

6. De ninguna manera. Un linchamiento, por más incruento que sea debe ser condenado de forma enfática. Coloca a los agresores aún por debajo de los animales, incapaces de tal crueldad. Pero, además, para linchar a una persona no es necesario rociarle gasolina y prenderle fuego. Mentir sobre ella en las redes sociales, calumniándola o difamándola; afectar su reputación y la de su familia; exponerla a la agresión de otros, es también una forma de linchamiento. No nos convirtamos en asesinos cibernéticos.

7. Cierre ciclónico. En mis cursos de filosofía revisamos al idealismo alemán, encabezado por Kant y Hegel. Ellos afirman que nosotros, sujeto, creamos la realidad, objeto. No se pretende, entonces, negar ese objeto, sino producirlo. Tampoco estamos ante una simple mentira, que es la distorsión de lo real. Se trata de una verdadera fabricación, en la que el sujeto moldea a su gusto aquello que coloca frente a sí. Algunas alumnas creyeron que me refería a los spots del Presidente saliente. No. ¡Por favor! Hablaba de Kant y Hegel.

papacomeister@gmail.com

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