Columna de Francisco Valdés Perezgasga

Lo que somos

Francisco Valdés Perezgasga

Tan soy del Nazas como soy Aguanaval. Si pudiera interrogar a cada una de las moléculas de agua que componen mi cuerpo estas me contarían la historia de nuestros ríos y lagunas y de los vastos depósitos que guardaron en el subsuelo. Somos río usted y yo. Si pudiera extender mi teórico interrogatorio al resto de mis átomos me contarían un cuento sobre la biodiversidad porque de ella proviene todo lo que comemos. Incluidos los componentes artificiales -cada vez más comunes en la basura industrializada que ingerimos. ¿Qué es el petróleo de donde se sintetizan estas sustancias sino restos de una biodiversidad que fue alimentada por un sol antiguo? 

 
Es curioso que a un nivel existencial la biodiversidad y el agua no cuenten en nuestras vidas. Cuando es lo que somos, lo que nos mantiene vivos, lo que nos viste y nos da techo. Finalmente también somos un animal más junto a otros animales, un organismo más junto a otros organismos. Animal con lenguaje junto a otros lenguajes. 

Con capacidad de hacer herramientas como otros con la misma habilidad. 

Con cultura junto a otras culturas. 

Quizá lo único que nos hace únicos sea el lenguaje escrito. Pero sería capaz de apostar que hay otras escrituras aún por descubrir. Extrañas e indescifrables. 


Una vez que hacemos a un lado nuestra soberbia y nuestros complejos, el ojo analítico descubre conductas comunes transmitidas socialmente -es decir, cultura- en varias especies animales. Quizá lo que digo le suene chifladamente exagerado pero no. 

Cada día descubrimos cosas, conductas, habilidades que creíamos exclusivas de los humanos y que no lo son. 

Aterra este reto a nuestra idea de ser especiales, únicos, paridos por Zeus o creados a imagen y semejanza de un dios judeocristiano barbón, blanco y tocado con un capingón. 


Darwin y Wallace establecieron mediando el XIX que somos producto de la evolución. Un producto tan refinado y complejo como una hormiga o un águila pescadora o una mariposa. 

La vida es un arbusto y los humanos somos una de sus ramitas. 


Un cambio de paradigma como el que le propongo es quizá aquello que nos permitirá romper las barreras que hemos erigido entre nosotros y la naturaleza. Sentando las bases para que empecemos a cuidarla y protegerla.



twitter.com/@fvaldesp

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