Columna de Gabriel Torres Espinoza

Ganaron la votación y perdieron a las mujeres

Gabriel Torres Espinoza

El martes 29 de enero, en sesión extraordinaria, convocada de forma presurosa, apenas 20 diputados del Congreso del Estado de Jalisco “liquidaron” el Instituto Jalisciense de las Mujeres”. Ocurrió así, con premura, cuando existían diversas opiniones en sentido contrario, y un sano debate que indicaba, con claridad, que los grupos organizados de la sociedad -históricamente defensores de los derechos de las mujeres- se oponían con argumentos a la iniciativa, de la forma que se presentó. Este martes se manifiesto un arquetipo de poder, con disfrute de una superioridad numérica, instituida democráticamente. Una supremacía que procedió con un ejercicio de métodos inconfundibles, que rememoran los tristemente célebres procesos del autoritarismo atroz.

El poder que se basa en el uso de la fuerza, no es un poder duradero, que se mantenga a largo plazo. Basta que las voluntades se unan, que lo cuestionen, que lo desafíen y desconozcan, para que el poderoso -basado en la rudeza-, muestre sus primeros síntomas de debilidad. El poder que crece y se consolida, se conduce templado. El poder no se usa para mostrarse como agresión, represión o para aplastar voluntades. No uno que perdure. En su forma negativa, el poder se presume contrario a los reclamos, a las legítimas demandas, restrictivo de las libertades y urgido a determinar. Caprichoso e irreflexivo, paulatinamente toma distancia de la realidad.

En esta democracia de ‘espectadores’, caracterizada por la hípercomunicación y el empoderamiento social en los nuevos medios, el poder debe adquirir una forma sutil, serena, flexible… inteligente. El ciudadano gobernado por un poder sagaz, no percibe que se somete a ese poder, sino que se convence de ello. Si existe una forma de dominación (ideología, pacto, sistema) le resulta imperceptible. Bajo un poder astuto, el ciudadano se identifica a sí mismo como uno más libre, porque está gobernado por un poder que lo conduce con sutileza: uno que argumenta, motiva, emociona e involucra. La antítesis de un poder que somete, quebranta, apresura y relega. En la era digital, el poder disciplinario, que opera con precipitación y fuerza innecesaria, agota visto como ineficaz. En democracia, la aceptación social se consigue en abonos, pero se pierde de contado. El poder inteligente no confronta la voluntad de sus gobernados; por el contrario, la conduce a favor de las causas de su gobierno, bajo un trabajo fino y sutil de persuasión. El político eficiente no es el que obliga, domina, sobrepone, confronta siempre o abate albedríos. El poder inteligente suscita emociones positivas, que posteriormente sabe aprovechar. Seduce, en lugar de arrollar. Complace y llena, en vez de prohibir o liquidar.

El poder inteligente atiende a los procesos conscientes e inconscientes propios de la mente humana; no la vil disciplina, el sometimiento o la superioridad numérica. No sugiere silencio; por el contrario, invita a discutir, encabeza debates, preferencias, se identifica con las necesidades y lidera opiniones. Encarna un gobierno más receptivo que coercitivo. El poder que seduce y estimula, es mas efectivo respecto del que prescribe y relega. Un poder inteligente gobierna bajo la persuasión, no sobre la imposición. Mucho más eficiente es un poder que cuida las opiniones de sus gobernados, que recupera sus aspiraciones y trabaja para encausar sus reivindicaciones. No confronta a los gobernados… les suministra tranquilidad.

La forma es fondo. Indefendible es -en esencia- la manera en que resuelve este poder, en uso de su superioridad numérica, embriagado del bono democrático. Detona un problema social, innecesariamente. Acaso ¿resolvieron algo? Asume un costo irreflexivamente, que deja en entredicho la autonomía del Congreso. Se votó por caprichos y animosidades. Son los diputados los únicos responsables de lo que emitieron este martes. No son menores de edad. Fueron electos popularmente para decidir a nombre de la población. Son los legítimos representantes de los jaliscienses, pero no los únicos. Tal vez, desde ahora, insuficientes… Tienen compromisos con sus electores y con la sociedad que los votó. Votaron con evidente disciplina parlamentaria, pero ¿bajo la premisa de un poder inteligente?

gabtorre@hotmail.com

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