Con pies de plomo

"Juego de Tronos", el fenómeno

Gabriel Torres Espinoza

El día de ayer culminó la última temporada de la que para muchos es una de las mejores series en la historia de la televisión: Juego de Tronos, de HBO. Es la serie de televisión con mayor número de Premios Emmy [el Óscar de la TV], con un total de 47. El coste de producción de cada capítulo de la Octava Temporada ascendió a 15 millones de dólares, lo que terminó por batir cualquier récord en este particular –le sigue The Crown, de Netflix, con 13 mdd por capítulo–. Se trata de una producción titánica: durante sus ocho temporadas ha empleado a 12 mil 986 extras, y dos mil más en para todo el equipo de producción y reparto. Debido a sus multifacéticas ambientaciones y paisajes ha sido rodada en diez países, entre los que destaca Irlanda del Norte, Marruecos, Malta, España, Croacia, Islandia y Escocia. El trabajo de posproducción fue cada vez más arduo: mientras que para la 1ra Temporada se requirieron 17 semanas; para la última, con apenas seis capítulos, demandó 42 semanas de posproducción.

Lo más atractivo de Juego de Tronos es su disruptiva narrativa. Durante sus ocho temporadas nunca hubo un indiscutible personaje a ocupar el ‘Trono de Hierro’. Lo único cierto, hasta el último capítulo, fue la incertidumbre y los giros drásticos en su arco argumental. Como ejemplar botón de muestra, en su 1er Temporada, el principal protagonista de la serie, Sean Bean [Ned Stark], murió de manera trágica para sorpresa de muchos. El guion de Juego de Tronos es particularmente interesante, con enormes dosis de verosimilitud y realismo. Vargas Llosa llegó a comentar sobre ella, “he estado viendo Juegos de Tronos, que me parece muy interesante y bien construida. Lo que tenían los seriales televisivos -que eran la cursilería- el facilismo, la ridiculez, en estas series no aparecen para nada, se luce más bien una cosa mucho más compleja”.

Pero ¿a qué se debe la denodada afición por las series de televisión? Aquí un argumento. En efecto, el mecanismo de identificación con el personaje siempre ha existido, y ocurre en todas las narrativas [literatura, teatro, cine], no obstante, la extensión temporal de las series de televisión propicia un desarrollo mucho más nítido de los personajes, una definición más específica, lo que genera una mayor genuinidad al momento de sentirnos identificados con ellos. Es decir, afianza de mejor manera el engagement, con los personajes y su trama. La enorme audiencia de Juego de Tronos es un ejemplar caso de lo anterior: al iniciar esta última temporada, las predilecciones y afinidades por los personajes a ocupar el Trono de Hierro eran muy disímbolas, al decantarse unos y otros por Jon Snow, Daenerys, Cersei, Sansa, Arya, Tyrion, Bran, etc. Las series inaguraron otra ‘Edad Dorada’ de la Televisión, y regresaron para quedarse, gracias a la era digital del audiovisual.

gabtorre@hotmail.com

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