La energía de Baker

El ajedrez del 'upstream'

George Baker

Coincido con la opinión del recién fallecido miembro de la Comisión Nacional de Hidrocarburos Édgar Rangel, de que no solo hay avances simbólicos por la reforma energética en el upstream, la producción y exploración

Debido a ello, el doctor en ingeniería petrolera de Stanford podría haber renunciado sin tener que justificarse por causas de salud (puesto que había constancia de ellas, como un infarto sufrido en noviembre).

Pudo haber calculado que la CNH era poco más que un peón en el tablero de ajedrez ante el cual se debatían Bobby Fisher Videgaray y Boris Spassky Joaquín Coldwell, cada cual con su estrategia. Son dos personajes para quienes las grandes petroleras internacionales son simples piezas en el tablero de juego. En Houston, solo dicen: Let's see what happens.

A seis años de haber sido nombrado comisionado, Rangel se daba cuenta de que la CNH operaba con un marco jurídico que implícitamente desvalorizaba tanto los conocimientos y criterios profesionales de sus comisionados como su patriotismo y honestidad para emitir dictámenes y fallos. Por tanto, era una institución débil, carente de la autoridad necesaria para cambiar la dinámica de la industria de la exploración y producción mexicanas.

También se hubiera dado cuenta de que las tres rondas de 2015 fueron tiempo y oportunidades malgastados. Hubo pocos resultados que valieran la pena mencionar. Tan solo el amparo promovido por Altos Hornos (Ahmsa) es para llorar.

Esto descarrila los planes de la Sener para licitar campos gasíferos en Coahuila que podrían abastecer a las nuevas centrales eléctricas que deberán instalarse a partir de las subastas de largo plazo que realizará el Cenace.

Hubiera comprendido que con o sin intención, los legisladores de 2014 no dotaron a Pemex de las herramientas necesarias para forjar sus propias asociaciones con otras petroleras —los proyectos farm-out o cop-out—.

El perfil profesional de ser comisionado, que había pensado serviría de trampolín para su carrera, ahora lo veía como un lastre.

Rangel pudo haber pensado: "No voy a seguir cobrando mis quincenas a la nación bajo estas condiciones político-laborales. Más vale seguir el ejemplo de mi colega, el doctor y ex comisionado Guillermo Domínguez, que abandonó el barco para agarrar un puesto académico cercano por el lado norte del río Bravo. El Instituto Baker, en Houston, tiene la ventaja de ubicarse cerca del Centro Médico, donde hay especialistas en cardiología. Ahí tendré la oportunidad de reubicarme en mi carrera y recalibrar mis expectativas profesionales".

Su siguiente paso no era obvio: era técnico por su formación intelectual, pero estaba bloqueado en la lista de Pemex, con tensas relaciones con sus altos funcionarios. Es más, la cultura de Pemex no ofrece carreras exitosas para los técnicos, al menos no con los mismos salarios y prebendas que gozan los mejores ex técnicos quienes por progresar terminan siendo gerentes mediocres.

Por cierto, pudo haber obtenido un puesto en business development (como director de estrategia o asesor técnico) con cualquiera de las petroleras grandes o medianas, siguiendo el ejemplo de otro ex colega comisionado, el geólogo Alfredo Guzmán.

Con mejores ingresos hubiera podido fondear las colegiaturas universitarias de sus hijos en el futuro. Quizás, en algún cambio del sexenio y con un mejor marco para la CNH y Pemex, aceptaría otro puesto en el servicio público en México, o en alguna futura oficina de representación de la CNH o de Pemex en Houston.

Sus inquietudes tienen una vida propia y siguen desenvolviéndose: Pemex no cuenta con el combustible necesario para arrancar el motor de las asociaciones entre iguales con otras petroleras, y la CNH opera como el Escribano de Su Majestad en las rondas que se van programando.

Ante ese gris panorama, ¿qué hacer? El gran árbitro de la partida de ajedrez, el presidente Enrique Peña Nieto, debe declarar que el juego se trabó. Y luego buscar servidores públicos que estén convencidos de que lo que la industria petrolera mexicana necesita es la densidad —y no pureza ideológica o rentista— de una red de inversiones e infraestructura comparable con la del Golfo de México, en su lado norte, o la del mar del Norte, del lado europeo.

Para ello la primera tarea es desenredar a Pemex para que pueda negociar acuerdos bilaterales con sus socios prospectivos, así, toda ronda de aguas —o ilusiones— profundas debe ponerse en stand by.

No vale la pena gastar ni un quinto más del capital político remanente de la reforma energética antes de que la situación de Pemex esté resuelta.

g.baker@energia.com

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