La Mirilla

El novenario priista

Germán Zepeda

La cruz debería llevarse en teoría mañana cuando se cumpla su novenario, pero desde el mismo domingo 1 de julio pasado estuvo más que clavada en el camposanto llamado Estado de México. Hace una semana el PRI literal murió en el país y en esta gran entidad de más de 16 millones de habitantes, considerado el bastión del tricolor, el Estado de los militantes ilustres en la escena nacional. Un PRI moribundo antes y durante la campaña electoral y que no supo revivir.
Desde La Mirilla habíamos visto que estaban preocupados, nerviosos por aquella ola morena que comenzó a dar sus primeras estocadas en el año 2017 en la entidad con el cierre de fotografía en la elección que ganó el gobernador Alfredo del Mazo. Destaca en este sepelio que el muertito se quedó solo, pocos acudieron al novenario, no se sabe de los protagonistas de esta triste historia llamada 1 de julio de 2018. El escenario era más que adverso, ni Morena imaginó que sería así pues fueron los primeros sorprendidos de la contienda.
Concluyeron los cómputos municipales y distritales, la lápida del priismo. A menos de que cambien algunos resultados, obtendría el triunfo en solo 22 municipios mexiquenses de 125, eso no es nada. Nada por donde quieran verlo los analistas políticos y los mismos dirigentes del priismo, por varias razones: son municipios pequeños en cuanto a población y lista nominal, qué decir del peso político: Almoloya de Alquisiras, Aculco, Isidro Fabela, Lerma, Chapultepec, entre otros, quizá los únicos que se salvan son Chimalhuacán e Ixtapaluca con más de medio millón de habitantes.
La estadística es fría, con esos 22 municipios el PRI en el Estado de México gobernará solo a 2 millones 86 mil habitantes, es el 12.8 % de la demografía mexiquense; de los 16.1 millones de habitantes. La aplanadora Morena supera esa población solo con dos municipios: Ecatepec y Toluca. Con la suma de ambos gobernaría a casi 2.5 millones de habitantes, de esa magnitud es la debacle.
La preocupación no queda ahí. Desde este momento para el PRI está en riesgo la gubernatura del Estado de México y lo saben, por lo que ya deberían estar preparando la estrategia para el año 2023, no hay tiempo para lamentaciones, si es que desean revivir. Claro está que los nuevos gobiernos, ya sea Ayuntamientos o el del Presidente de la República, no serán eternos, pero tampoco dejarán de hacer las cosas para perder lo que por años estaban buscando: poder.
Es momento de que haya un líder priista en el Estado de México, alguien que guíe, que muestre la forma de sacar la embarcación antes de que, como el Titanic, quede en un episodio de amor político en la historia. ¿El gobernador Alfredo del Mazo? No lo sé. Si bien al menos públicamente el mandatario mexiquense se mostró respetuoso en este proceso electoral, ahora podría dar ánimos a la militancia y convertirlos ahora en una verdadera oposición. ¿Ana Lilia Herrera Anzaldo? Quizá. Es una mujer preparada y con trayectoria, sería muy buena opción. Es urgente, atrás deben quedar los rezos de esta muerte política.

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