La Mirilla

En terapia intensiva nuestro sector salud

Germán Zepeda

Hace 5 años los servicios de salud en nuestro Estado de México fueron una de las banderas políticas que más pregonaron el entonces gobernador Eruviel Ávila y el titular del ramo César Gómez Monge, eran lo primordial en sus mensajes, en sus informes; hoy son los servicios de los que más carece la gente. 


No es necesario ser auditor para detectar que algo grave pasa en las finanzas de la Secretaría de Salud, basta con ir a una clínica y ser testigo de las carencias. 


En La Mirilla lo habíamos consignado hace algunas semanas, dejaron de tener medicamentos y equipo los hospitales y clínicas y por el contrario se engrosó la nómina, todo producto de malas decisiones que en lo mínimo beneficiarían a la población. 


Poco a poco va saliendo el peine como dirían por ahí, al sector salud mexiquense lo dejaron en coma, con una deuda de 236.3 millones de pesos al terminar la pasada administración, la nómina pasó de 30 mil a 52 mil en todas las áreas administrativas, menos médicos y enfermeras. 


¿Por qué? 


¿Lo desangraron económicamente? 


Hoy el actual secretario Gabriel O’Shea no ha escatimado en señalar tales heridas hechas a los hospitales y ha comenzado a intentar hacer cirugías que de alguna manera ayuden a sanarlos pero está difícil. 


La deuda, dice, ya sólo es de 138 millones de pesos y ya despidieron a por lo menos 2 mil empleados de pantalón largo: asistentes, asesores y demás que quizá ni un curita sabían poner; también explica que ya aumentaron la cantidad de medicamentos en los lugares con mayor demanda. 


Sinceramente no me explico por qué se llegó a tal extremo. 


La situación no queda ahí, esos son apenas los tecitos de manzanilla para todo el sector salud pues el esqueleto operativo literal sigue en coma. 


Hay hospitales que funcionan con el 25, 30 o hasta 40 % de abasto de materiales para curación, en cuanto a la dotación de medicamentos para la gente algunos tienen el 70 %, otros ya con el 100 % pero la realidad es que así debería ser en todas las clínicas y hospitales. 


A ello sume el equipo obsoleto, el que requiere de mantenimiento preventivo y correctivo, el que ya no sirve y la causa por la que le tienen que decir a los pacientes “venga dentro de 3 meses a ver si ya lo podemos atender”, es simplemente inadmisible. 


¿Por qué se llegó a tanto? 


¿Por qué un sector tan demandante y tan elemental dejó de asistir a la gente? 


¿Quiénes son los responsables de dejar enfermo a este sector? 


Me parece que el tema no debe quedar ahí y las mismas autoridades de vigilancia de la secretaría y hasta del Congreso deben dar a conocer el origen del problema. 


Al igual que en el ISSEMyM se dejó un sistema moribundo por el que deben responder los funcionarios en turno, porque por algo se planean los presupuestos, por algo se estima cuánto puede y debe gastar cada hospital en medicinas y materiales, pero también por algo no salieron la cuentas.


 ¿No cree?

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