Uno hasta el fondo

Una hecatombe

Gil Gamés

Si usted quiere leer una columna optimista y con humor, no siga leyendo. Gil Gamés caminaba sobre la duela de cedro blanco desorientado y sin rumbo, para qué más que la verdad. En estos días, la información se convierte en un arma de dos filos; si te alejas, estás fuera de la realidad; si sabes de más, te adentras en el infierno. Lector enfermizo de periódicos, a Gil le ocurre a menudo lo segundo. Así pensó Gamés después de leer el bien trabado y mejor informado artículo de Alejandro Hope en El Universal: “Se nos viene la noche”. Los números que presenta Hope son conocidos, pero los agrupa de una forma que dan miedo. La Secretaria de Salud ha reconocido 149 mil 84 muertos por covid. Esta cifra se transforma, según las mismas autoridades, en 274 mil 487 muertes por encima de las que ocurrieron en el 2020. No todos los decesos, explica Hope, fueron por covid, algunos fueron resultados colaterales de la pandemia: padecimientos graves que no pudieron ser atendidos a tiempo y, además, personas a quienes les fue imposible seguir sus tratamientos.

Ahora mal sin bien, escuche usted esto: “En este momento es muy probable que el número de muertos en exceso se ubique por encima de 370 mil. De hecho, el doctor Arturo Erdely, profesor de matemáticas en la UNAM, estima que ese número podría llegar ya a 403 mil”. Entonces Gilga camina con las manos en la espalda sobre la duela de cedro blanco y decide: una hecatombe.

Oscuridad

Si la lectora, el lector y le lectere creen que aquí topa la catástrofe, por desgracia están equivocados. Hope cuenta que de acuerdo con una proyección elaborada por el doctor Erdely, “es posible que de aquí al primero de junio, se contagien 43 millones de mexicanos, en adición a los 49 que probablemente ya se han contagiado hasta el día de hoy. Esto se podría convertir en 273 mil muertes más en los próximos cuatro meses. Ese escenario ya incluye (nótese), el posible impacto de la vacunación, tomando en cuenta el calendario anunciado por las autoridades”. Si la mitad de estas proyecciones se cumplieran, la catástrofe sería de dimensiones monstruosas.

Imposible dejar de preguntar qué hizo mal el gobierno de la República. La respuesta es simple: todo, desde el principio. Gilga piensa que la ineptitud y la soberbia dan siempre por resultado el desastre. Y el subsecretario López-Gatell es soberbio e inepto. Dicen que se ha confinado, pero es dable suponer que se ha contagiado. “El cubrebocas crea una falsa sensación de seguridad”, dijo, palabras más, palabras menos.

Error histórico

Mal y de malas. El Presidente se ha contagiado. Gil medita: ¿cuándo, en qué momento, porqué le declararon la guerra al cubrebocas? Dice un científico de primera línea como Antonio Lazcano que el gobierno decidió cambiar el conocimiento científico por la política. Y debió agregar: el desprecio del conocimiento atrae a los desastres; el odio a los expertos, la falta de recursos para enfrentar los desastres.

Gil lo dice así: ni un peso menos para el Tren Maya, ni un peso menos para Dos Bocas, ni un peso menos para Santa Lucía. Ni un peso más para la pandemia. No hay oxígeno, los crematorios saturados, los hospitales hasta el tope, la muerte toca a la puerta.

La forma de enfrentar la pandemia se ha convertido en un error histórico de este gobierno. La pandemia no la inventó el Presidente, nomás faltaba, pero sí la desestimó desde el primer día, cuando todos habíamos visto las imágenes de Europa y luego de Canadá y de Estados Unidos. Gil recuerda: “la pandemia está domada”, entre las muchas frases que dijo el Presidente, para qué ponemos aquí más y más, no tiene caso ni casa.

El discurso fragmentado de nuestro gobierno sobre la pandemia enloquece a Gamés. Cuando el mensaje consistía en quedarse en casa, guardar distancia y usar cubrebocas, nuestro Presidente no dejó de moverse por toda la República, acercarse a la gente y no usar cubrebocas. Esta imagen resume la política ejercida en el combate contra la pandemia.

Todo es muy raro, caracho. Como diría Quevedo. “La soberbia nunca baja de donde sube, porque siempre cae de donde subió”.


Gil s’en va
gil.games@milenio.com

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