Uno hasta el fondo

Verde que te quiero verde

Gil Gamés

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil pensaba en el Partido Verde Ecologista de México, que ni es partido ni es verde ni es ecologista, pero negocio sí, un negociazo. Arturo Escobar, coordinador de los diputados verdes ha desvelado el nuevo negocio de ese grupo que siempre cae parado: “No rompemos con el PRI, culmina una etapa desde el 2006, 12 años que tenían un gran objetivo: ayudar a que Enrique Peña Nieto fuera presidente de México. Y estar con él para que se dieran una serie de reformas estructurales y que van a ser oro molido en el corto plazo. Con él tenemos buena relación, hay cariño, comunidad y gratitud”.

A Escobar le acompaña El Trapear, un legislador del Verde muy atento a todo cuanto ocurre en la vida política. Más claro, ni el agua: “Cariño, comunidad y gratitud” con Peña. A esto se le llama lealtad y no pedazos. Bien pensado, el ex presidente Peña en funciones profesa por el Presidente electo “cariño, comunidad y gratitud”. Qué bonitos sentimientos. Repartan abrazos: qué bueno que perdieron por 32 puntos, qué bueno que los hicieron puré de tomate, qué bueno que el PRI casi no existe. Es que de veras.

Escobar tiene una gran ventaja en la vida, desconoce la vergüenza. ¿De a cómo va a ser la venta de estos diputados verdes que nos compra Mario Delgado, de Morena? Una subasta. A la una, a las dos, a las tree-es. Vendidos cinco diputados a Morena, que ahora posee una mayoría. Saludos a Manuel Velasco y a las manuelitas. En sus épocas de infancia, las manuelitas querían decir otra cosa, pero todo cambia, pobre Gilga. A Escobar y a los diputados del Verde, Gil lo ha dicho, los sacaron de un antro de Cancún: ya wey, deja a las húngaras, somos diputados, wey, nos vendemos al mejor postor, wey. Emilio manda saludos, que nos espera en el depa de allá de Cancún cuando terminemos la venta de estos diputados, que Morena paga bien y bonito y no hay que ofrecerles húngaras. En fon.

Por piedad lean, escuchen a Escobar: “No hay traición, no hay fractura, hay una relación de afecto y cariño, hay enormes amigos y a partir de ahí vamos a convivir con ellos y a construir muy buena amistad”. Caramba, primero hay afecto, cariño, enormes amigos, y luego Escobar y los verdes van a construir una buena amistad, ¿no les parece que pasa algo raro en esta declaración de la ignominia?

Dicen Escobar y Trapear, dos grandes legisladores: “Podemos ser muy buenos aliados para conseguir mayorías, podríamos ser muy buenos aliados parta presentar controversias constitucionales. Si los votos del Verde sirven para modernizar la reforma educativa, estarán ahí con el partido mayoritario, si los quieren para dar marcha atrás va a ser complicado que se utilicen”. Un grito desgarrador hizo añicos el amplísimo estudio: ay, mis hijos, cínicos desvergonzados.

Más del populismo again & again

El Centro de Acopio de Frases del Populismo no cesa de recibir medicinas que analizan la palabra pueblo, aguas demagógicas que han sido rechazadas, leche crítica en polvo, la ayuda fluye sin parar. Del libro El estallido del populismo, coordinado por Álvaro Vargas Llosa (Planeta, 2017) Gilga ha traído este párrafo de Enrique Krauze: “Es difícil que un hombre sin mundo entendiera el mundo y el lugar de su país en el mundo. Era difícil que un hombre encerrado en su mundo viera la necesidad de reformarlo en un sentido a la vez realista y moderno. En el concepto de López Obrador, todo lo que México requería para su futuro estaba en su pasado […]. Con López Obrador, la teoría de la conspiración se volvió política de Estado: toda crítica era parte de un ‘complot’ para desbancarlo […]. Años atrás, el Peje había delineado su concepto de la verdadera democracia, no la democracia liberal, sino la ‘democracia popular’: ‘El gobierno es el pueblo organizado o, para decirlo de otra manera, el mejor gobierno es cuando el pueblo se organiza. La democracia es cuando el pueblo se organiza y se gobierna a sí mismo’. Pero esa democracia requería la presencia cotidiana de un líder social que midiera ‘el pulso a la gente’ que ‘metiéndose abajo’ escuchara y canalizara —sin intermediaciones burocráticas o institucionales— las demandas de la ‘gente’. Esa era, a su juicio, la función de un jefe de gobierno”.

Todo es muy raro, caracho, como diría Benjamin Franklin: El que compra lo superfluo, pronto tendrá que vender lo necesario.

Gil s’en va

gil.games@milenio.com

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