Cruzando el Charco

Regreso al jardín del edén

Guillem Martí

Abro los ojos lentamente y bostezo como si de un bocado fuera a engullir la habitación entera. No ha sonado la alarma. Buena señal, significa que es fin de semana. Que gran invento eso del fin de semana. ¿A quién se le debió ocurrir tan maravillosa idea? Doy un beso a mi esposa, sin esperanza ni miedo de despertarla. 

Es de las que se pueden pasar el día entero durmiendo. A veces me pregunto qué tendrá la almohada que no tenga yo. 


La visita de rigor al baño me hace recordar que, a pesar de toda la tecnología que nos rodea, seguimos siendo seres vivos de carne y hueso. 

Caga la hormiga que sube por la pared, caga el pajarito que canta al otro lado de la ventana, cagaron los dinosaurios hace más de 65 millones de años y cagan todas y cada una de las Kardashian. Supongo que por eso a veces el mundo nos parece una mierda. 


Y hablando de cagar, Mozart también se ha despertado y me pide que lo saque a pasear. Me visto para la ocasión y salgo con mi poodle a dar un paseo matutino. Son las 10 de la mañana de un sábado de noviembre y, aun así, el sol nos regala unos asfixiantes 29 grados. En Santo Domingo el calor no da tregua en ningún momento del año. Mientras me seco el sudor de la frente con el brazo recuerdo con nostalgia las frías mañanas de invierno en mi querida Barcelona. El mundo sigue siendo más grande y heterogéneo de lo que las redes sociales lo hacen parecer. 


Terminado el paseo me preparo unas tostadas de paambtomàquet con llangonissa de Caldes de Montbui que me trajo mi primo cuando vino de vacaciones a República Dominicana. Para darle un toque local a un desayuno tan catalán, corto unos cubitos de lechoza y de piña. ¡Las frutas tropicales son una delicia! 


Mientras desayuno, abro el LinkedIn. Algunos de mis contactos hacen publicaciones de lo más interesantes. Veo un vídeo sobre el desarrollo de la inteligencia artificial, las posibilidades que brinda la revolución digital y las comodidades de las que pronto disfrutaremos gracias al IoT (internet de las cosas). ¡Qué maravilla! ¡Qué espectáculo! ¡Qué fantástico futuro nos espera! 


El siguiente vídeo plantea el tema desde un ángulo diferente. Un economista, que más bien parece uno de los jinetes del apocalipsis, augura un futuro donde el progreso tecnológico nos deja a todos sin trabajo. Mi gozo en un pozo. Resulta que todo ese desarrollo terminará con una crisis económica de proporciones épicas que destruirá la base de nuestra civilización. 


Quedo algo confundido y la curiosidad me empuja a consultar alguno de los libros que tengo en los estantes. Deslizo el dedo índice sobre los lomos, recorriendo títulos de Adam Smith, Bertran Russell, Karl Marx, John Stuart Mill, Max Weber… De pronto mi dedo choca con un gran volumen con brillantes letras doradas y caigo en la cuenta de que lo que necesito no son economistas filósofos ni sociólogos. Si quiero entender cuál es la relación del ser humano con el trabajo, lo mejor será consultar a los inventores del fin de semana. Así que me acomodo en el mueble del balcón y abro La Biblia. 


A las pocas páginas leo que Eva explicó a la Serpiente que Dios les había prohibido comer el fruto del árbol del conocimiento porque les causaría la muerte. Al darse cuenta de que Eva había sido engañada, la Serpiente le contó la verdad. “No es cierto que morirán. Es que Dios sabe muy bien que el día en que coman de él, se les abrirán a ustedes los ojos; entonces ustedes serán como dioses y conocerán lo que es bueno y lo que no lo es.” 


En aquel momento, Eva se dio cuenta que Dios no quería competencia y que le había mentido para reservarse únicamente para él la virtud del conocimiento. Así que la mujer tomó la iniciativa, comió el fruto del árbol del conocimiento y lo compartió con Adán. Eso no le hizo ninguna gracia a Dios, que decidió castigar a los tres responsables de terminar con el monopolio del conocimiento. 


Primero maldijo a la serpiente creando enemistad entre su descendencia y la de la mujer. Después se acercó a la mujer diciéndole: 

“Multiplicaré tus sufrimientos en los embarazos y darás a luz a tus hijos con dolor. Siempre te hará falta un hombre, y él te dominará.” Finalmente se dirigió al hombre para sentenciar: “Con fatiga sacarás de la tierra el alimento por todos los días de tu vida. Espinas y cardos te dará, mientras le pides las hortalizas que comes. Con el sudor de tu frente comerás tu pan hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste sacado. 

Sepas que eres polvo y al polvo volverás.” 


Finalmente, para evitar tener que lidiar con competencia en su propio hogar, Dios decidió expulsar a la mujer y al hombre del Jardín del Edén. Y así es como la tradición judeo-cristiana considera el trabajo un castigo divino. Es el precio que pagamos por haber osado adquirir conocimiento. 


Cierro La Biblia y la devuelvo al gran hueco que había dejado en el estante, pero mi cabeza sigue dándole vueltas a este capítulo del Génesis. Durante miles y miles de años las condenas que Dios impuso a la Serpiente, a Eva y a Adán se han considerado inevitables y han flagelado a la humanidad con terribles calamidades. No obstante, algo empezó a cambiar a finales del S. XVIII. 

La Revolución Industrial alteró por completo los patrones productivos y permitió un desarrollo económico, médico, científico, tecnológico y cultural como nunca en la historia se había experimentado.Los efectos del fruto del árbol del conocimiento tardaron en dar resultado, pero finalmente se estaban revelando. 

 
Justo en estos años el ser humano empezó a entender que ya no necesitaba a Dios. Descubrimos que la ciencia y el conocimiento eran más eficaces que la oración y la penitencia. En 1857 México se declaró Estado Laico, igual que tantos otros en aquella época. Y en 1883, Nietzche popularizó la idea de que Dios había muerto. Idea que décadas antes ya habían planteado autores como Dostoievski y Hegel. 


Es cierto que Dios sigue bien vivo en el corazón de millones de personas alrededor del mundo. Pero es una concepción de Dios muy distinta de la que se tenía antes del S. XVIII. Para la mayoría de creyentesde hoy en día, Dios es un guía espiritual, una idea que da sentido a la vida y a la muerte, una fuente de inspiración y de bondad. Ha dejado de ser aquel Ser Supremo de presencia física indudable que habita en lo alto del Cielo con Jesús sentado a su derecha, que vigila y castiga a los hombres cuando desoyen sus preceptos y que se comunica con nosotros a través del Santo Padre. 


En todo caso, gracias al conocimientonos estamos empezando a librar de algunas de las condenas que Dios impuso a los tres responsables de lo que hoy llamaríamos EdenGate. Hemos aprendido que las serpientes son parte vital de nuestros ecosistemas y en todo el mundo se han aprobado leyes para protegerlas. Hemos inventado la epidural para evitar que la mujer tenga que dar a luz con dolor. Y también hemos descubierto que la mujer no necesita al hombre para vivir y estamos luchando para liberarla del dominio patriarcal. 


También hemos dado pasos importantes para liberarnos de la última de las condenas, el trabajo. Hemos logrado producir cada vez más con menos esfuerzo. La abundancia de excedentes que hemos conseguido gracias al progreso tecnológico ha permitido que desde el S. XVIII todos los indicadores de desarrollo y bienestar crezcan exponencialmente. 


Hoy el progreso tecnológico nos hace soñar con un futuro reciente donde gran parte de los trabajos mecánicos serán realizados por robots. Y evidentemente muchos se preguntan de qué trabajarán aquellos cuya fuerza de trabajo deje de ser necesaria. No es un problema nuevo. Con la revolución industrial muchos obreros perdieron sus trabajos porque las fábricas se llenaron de máquinas. Algunos de ellos se organizaron en grupos violentos llamados Luditas y se dedicaban a destrozar las máquinas que les quitaban el trabajo. Pero pronto la sociedad empezó a demandar nuevos tipos de trabajo que permitieron ocupar a todo el mundo. 


¿A quién se le habría ocurrido en 1800 que en unas pocas horas de una mañana cualquiera de noviembre, un tipo normal y corriente como yo, en Santo Domingo, pudiera necesitar electricidad, bombillos, agua corriente, internet, una tostadora, llangonissa de Caldes de Montbui, un smartphone, wifi, LinkedIn, un libro impreso y una laptop con Word?Hemos generado una infinidad de nuevos puestos de trabajo que hace unos pocos años eran inimaginables. 


En el futuro, tal vez los robots puedan hacer ellos solitos todos los trabajos que hoy conocemos. Entonces nos inventaremos nuevas necesidades, nuevas comodidades con las que ni siquiera alcanzamos hoy a soñar. Seguramente necesitaremos más filósofos, psicólogos, escritores, sociólogos, artistas y también más perros, gatos y otras mascotas. Es decir, más servicios socio-emocionales que difícilmente las máquinas puedan llegar a cubrir. 


Y si un día las máquinas llegaran también a cubrir estas necesidades y realmente no tuviéramos absolutamente ninguna necesidad de trabajar, ¿qué haríamos entonces? 

Poder vivir sin trabajar no es nada nuevo, se llama aristocracia. La diferencia sería que en lugar de explotar a un gran número de personas para que unos pocos pudieran vivir sin trabajar, nos valdríamos de las máquinas para cubrir todas nuestras necesidades y la humanidad completa se libraría del trabajo. 


Cuando esto pase, la visión de la Serpiente se habrá hecho realidad y gracias al conocimiento nos habremos convertido en dioses y seremos capaces de construir nuestro propio Jardín del Edén. 

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