Doble mirada

Capitulación a la primera

Guillermo Valdés Castellanos

En mi texto de la semana pasada escribí que era necesario un milagro para conseguir un acuerdo que nos librara del atolladero en que nos metieron la política migratoria inicial de AMLO (puertas abiertas al tránsito de centroamericanos) y la racista agresividad de Trump contra México. Pues hubo acuerdo, pero no milagro ni salimos del problema. Lo que se ganó fue un poco de tiempo a cambio de una capitulación vergonzosa en materia migratoria.

Los dos compromisos que obtuvo el inquilino de la Casa Blanca son ampliamente conocidos: uno, que nuestra política en la materia —incluyendo a una parte de la Guardia Nacional— se convierta en el muro tan deseado por Trump y se reduzca lo más posible la migración centroamericana por nuestro territorio. Dos, que nos quedemos y mantengamos a decenas o cientos de miles de solicitantes de asilo en EU (una versión light de la condición de tercer país seguro) mientras los jueces deciden si se los conceden o no.

¿Con ello México contribuirá a mejorar la seguridad de EU? Por supuesto que no, nunca se ha tratado de eso. Pero lo que sí hará es darle un formidable apoyo político-electoral al inquilino de la Casa Blanca, pues gracias a lo firmado por el representante de AMLO, Trump podrá alardear su eficacia para hacer realidad su política xenófoba y, de paso, presumir que tiene a nuestro país y a su gobierno sometidos, condición que se renovará cada 45 días.

Esos hechos le darán credibilidad a su oferta de gobierno para el periodo 2020-2024, cuando anuncie la campaña por su reelección el próximo 18 de junio. Algo así podrá decirles a sus seguidores: “Les prometí que iba a construir un muro; pues mejor aún: ahora los mexicanos harán uno virtual en su frontera con Guatemala y ellos lo pagarán; y si algunos centroamericanos llegasen a EU, pues se los devolvemos y además de recibirlos, México los mantendrá sin que nos cueste ningún dólar”. Mejor imposible. ¿Se acuerdan de cuando se nos retorció el hígado por la invitación de Peña Nieto a Trump cuando su campaña estaba de capa caída en agosto de 2016? Pues se repite la historia.

Sin negar la debilidad mexicana frente al vecino (no se estaba frente a una disyuntiva entre un bien y un mal, sino entre dos males y habría que discernir con más frialdad cuál de los dos era el menor), queda para el debate si una estrategia sobre otras premisas (no confrontar nunca a Trump) hubiera dado resultados menos negativos en términos de la actitud y el posicionamiento futuro de México frente a Trump. ¿Por qué le mostraría respeto a un país que a las primeras de cambio entrega todo?

Haber aceptado un primer tramo de aranceles de 5% —que no tendría las consecuencias catastróficas que manejó Ebrard en su discurso— hubiera generado que México no se sentara en la mesa de negociación solo, ya que la imposición de las tarifas a las exportaciones de nuestro país y una respuesta mexicana similar (imponer aranceles a las exportaciones estadunidenses que lesionaran la base electoral del presidente de EU) hubiera obligado a muchos empresarios y grupos políticos poderosos de Estados Unidos a aliarse al gobierno mexicano contra Trump, y a construir una defensa mediática, económica, política y jurídica que le dificultara avanzar en los siguientes tramos arancelarios y no le entregara una victoria política tan fácil.

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