Doble mirada

Escenarios 2019: las trampas de AMLO contra sí mismo/ II

Guillermo Valdés Castellanos

La relación del gobierno con la estructura política e institucional del Estado no presenta un panorama alentador en 2019. La confrontación y la descalificación que ha hecho AMLO de organismos autónomos (Banco de México, INE, INAI, INEE, Inegi, etc.), del Poder Judicial, gobernadores, burocracia y hasta del Ejército dificultarán el funcionamiento de las instituciones para una instrumentación adecuada de las políticas públicas.

Son muchos los obstáculos que el mismo Presidente le ha construido, de manera gratuita, a la 4T. Señalo tres que configuran el escenario más probable en materia de operación gubernamental y cambio político. El primero y más inmediato: los despidos y renuncias provocados por la austeridad, el recorte de salarios y prestaciones a la burocracia, además de los cambios organizacionales (como la Guardia Nacional y la desaparición de la Policía Federal) y políticas mal diseñadas (como la de seguridad), producirán una parálisis gubernamental severa y un enorme caos administrativo y operativo. Además de muchas y severas afectaciones a servicios básicos (abasto de gasolina, salud, seguridad, educación, etcétera) habrá un subejercicio del gasto público, especialmente el de las grandes obras, por lo cual puede reducirse aún más el nivel de crecimiento en 2019.

Segundo obstáculo, el centralismo con que ha actuado López Obrador —que no es otra cosa que desdén y desprecio de los gobiernos locales— es una invitación, en el mejor de los casos, a que éstos se desentiendan de los programas federales, y, en el peor, al conflicto, la resistencia o el boicot. La seguridad pública es el caso ya más evidente, pero no el único. Ello hará más lenta e ineficiente la instrumentación de políticas y programas de todo tipo. El tercer obstáculo que está construyendo AMLO contra sí mismo es el debilitamiento de los organismos autónomos (sus presupuestos y los ataques contra ellos así lo revelan). El autoritarismo podrá ser atractivo en el corto plazo para tratar de superar las resistencias al cambio, anulando los contrapesos. Pero desmantelar las instituciones que soportan la democracia es pésima noticia y a la larga es contraproducente y un retroceso gravísimo.

Un tercer escenario poco alentador es el de una sociedad y una clase política polarizadas, el de un país dividido en buenos y malos, por el discurso oficial de confrontación y descalificación promovido y tolerado desde la Presidencia. Gobernar requiere de mucho tiempo, concentración y capacidad de convocatoria para que las directrices de las políticas se conviertan en acciones reales de toda la estructura burocrática, apoyadas por la sociedad. De otra manera, el impacto real de las políticas se reduce considerablemente. AMLO está dedicando demasiado tiempo a confrontarse y poco a gobernar, y al negarse a hacerlo para todos los mexicanos, desperdicia el potencial de apoyo social.

Los tres escenarios previos —crecimiento escaso con riesgo de ser menor; desorden y parálisis gubernamental (acompañados de centralización y concentración del poder) y confrontación política creciente—no son las mejores condiciones para la eficacia de las políticas públicas que generarán riqueza, igualdad, seguridad y democracia. El mismo Presidente está metiéndose zancadilla y cuando tropiece, culpará a sus críticos.

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