Sentido contrario

Berlín, las horas perdidas

Héctor Rivera

Envuelta en su chal hasta las orejas, Lotte Eisner parecía una bolita de lana antes de fallecer a finales de noviembre de 1983. Tenía 87 años y había vivido una vida llena de intensidades, a veces al borde de la muerte. Nada mal para la primera mujer que ejerció la crítica cinematográfica.

Nacida en Berlín en 1896, casi al mismo tiempo que el cinematógrafo, tuvo el privilegio de escribir sobre las obras maestras del cine alemán mientras conversaba con sus autores y discutía sobre sus aciertos y errores. Disfrutó además de la amistad de los cineastas que dotaban de estética y de discurso político al cine. Esto es mucho decir si se habla de talentos enormes como, Wiene, Murnau, Lang, Lubitsch, Pabst, los grandes maestros del expresionismo alemán que hizo brillar a la cinematografía germana de los años 20.

Eisner vio nacer las luces y las sombras expresionistas en el cine, las escaleras tortuosas, los decorados dislocados, los personajes trastornados en el periodo de entreguerras, mientras Hitler ascendía al poder. Buena parte de sus observaciones, sus análisis, sus críticas y sus elogios fueron incluidos en su ya clásico volumen La pantalla diabólica.

Un encuentro definitivo con Murnau, el realizador de Nosferatu, la encaminó rumbo a la crítica fílmica, que realizó en los más importantes diarios y revistas de la época.

Por aquellos días, hacia 1927, Walter Ruttmann se aventuró en la realización de una película de aliento experimental, Berlín, sinfonía de una ciudad, en la que al ritmo de una partitura sinfónica de Edmund Meisel describía la vida cotidiana de Berlín desde el amanecer hasta el anochecer. En una Alemania sacudida por la miseria, el hambre y el desempleo, con una inflación devastadora, la cinta de Ruttmann está poblada de personajes acaudalados, que comen en abundancia en establecimientos de lujo y se transportan en ostentosos vehículos.

En aquel tiempo, mientras el cine expresionista era recibido en todo el mundo con aplausos y grandes recaudaciones, la inquieta, hiperactiva Eisner solo tenía un rival como crítica cinematográfica: Siegfried Kracauer, un hombre de talento extraordinario. Su atención y sus obsesiones estaban también en el cine expresionista alemán. Su mirada crítica y sus análisis brillantes quedaron plasmados en una bibliografía en la que destaca sobre todo otro clásico sobre el expresionismo alemán: De Caligari a Hitler, donde destaca la cohabitación en la realidad y la ficción de grandes tiranos del tamaño de Hitler.

Como Ruttmann en su Berlín, sinfonía de una ciudad, Kracauer emprendió durante los años 20 la escritura de Calles de Berlín y de otras ciudades, donde describe buena parte de las peores horas que ha vivido una hermosa urbe. El volumen, que está comenzando a circular en estos días, contaría sin duda con la aprobación de su querida enemiga, Lotte Eisner.

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