Sentido contrario

Esa gordita y un atole

Héctor Rivera

Muchos pensaron durante décadas que había que tener una barriga enorme para cantar ópera. Casi importaba más estar bien gordo que tener buena voz y una adecuada formación artística. Las imágenes de los artistas líricos entregados a sus más bajas pasiones gastronómicas, devorando platones de espagueti, hogazas de pan y litros de vino, eran muy frecuentes en el pasado. Se necesitaba demasiada imaginación para suponerlos vistiendo leggins o shorts y zapatos tenis, a medio camino entre un cuadro de Botero y la publicidad de ropa deportiva de moda.

Una de las grandes voces de la ópera, la catalana Montserrat Caballé, no se andaba por las ramas para definirse como “una persona corriente que pesa 97 kilos y le duele horrores el tobillo”. Andaba por la vida cargando su portentosa carrocería en los mejores escenarios del mundo, hasta que al comienzo de los 90 un derrame cerebral la mandó a la lona muy maltrecha, necesitada de prolongados cuidados médicos.

 La Divina Gorda, como era conocida con cierta dosis de maldad, endulzaba sus bebidas con azúcar de dieta, tenía un programa de alimentación vegetariana y solo muy de vez en cuando comía pescado o un huevo y no ingería pastas ni grasas. Sin embargo, no bajaba ni un gramo. Un día de octubre del año pasado la vesícula le reclamó airadamente su obesidad después de varias advertencias y de golpe le arrancó la vida.

Desde su infancia hasta bien avanzada su juventud, Lisette Oropesa tuvo que soportar las burlas, los sobrenombres, las agresiones por su obesidad. Comenzó a cantar apenas pasados los 20, pero enseguida le hicieron saber que si no se quitaba la barriga estaba condenada al fracaso. Se deshizo de 40 kilos en cinco años. Estadunidense con raíces cubanas, es ahora tan bella como espectacular con su voz de soprano. Acabó corriendo maratones mientras desparramaba su prodigiosa voz por los más prestigiados escenarios del mundo. Es muy importante mantenerse sanos, ha dicho: “Los cantantes no somos computadoras. Necesitamos una energía tremenda, eso significa que tienes que comer bien, tienes que dormir bien y estar emocionalmente estable”.

Esta noción es la que ha situado a la rusa Anna Netrebko a sus 47 a la cabeza de los carteles del más prestigiado arte lírico. Anna dejó escuchar su voz espléndida de soprano lírica mientras se hacía cargo del aseo en el Teatro Mariinski de San Petersburgo, sede de la Ópera Kírov. Ahí la escuchó el director de orquesta Valeri Guérguiev, quien se hizo cargo de su educación formal e impulsó su carrera.

En plena madurez, Anna luce una buena figura, producto de una dieta adecuada y un régimen moderado de ejercicios. Por supuesto, nadie la definirá nunca como una divina gorda, al modo de la Caballé. Hermosa y con una gran voz, se ha convertido en un modelo a seguir para quienes se empeñan en triunfar en los foros operísticos. 

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