Sentido contrario

Harnecker

Héctor Rivera

Nunca las voy a olvidar. Las primeras imágenes que vi hace un montón de años en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM me dejaron perplejo. Vi la llegada de un compañero. Venía montado en un caballo blanco que dejó atado a una columna en la entrada principal. Me topé luego con Gaby Brimmer en su silla de ruedas. Iba de aquí para allá, conducida por su fiel Florencia. Escuché luego unos gritos desgarradores: un estudiante en el suelo pedía que no lo movieran. Se había caído en uno de los patios y tenía la columna vertebral partida en dos. Vi después a Verónica Castro caminando por los pasillos, escoltada por un par de amigos. Nadie se le podía acercar por más que cayera uno seducido por su belleza deslumbrante. Sus guaruras, oficiales o extraoficiales, lo impedían.

La facultad que dirigía entonces Víctor Flores Olea, de donde salió para encabezar la embajada de México en la Unión Soviética, era una suerte de glamoroso desfile de modas permanente. Ni la Ibero la superaba. Ropa de última moda, autos de lujo, escapadas a Cuernavaca o Acapulco.

Pero en lo académico la facultad era una suerte de choque cotidiano con la realidad. Al final de la jornada, Raúl Olmedo impartía su seminario de El capital. Flores Olea daba su clase en un auditorio atiborrado. Se hablaba todo el tiempo del imperialismo estadunidense, de la opresión que sufrían los países subdesarrollados, del saqueo de las riquezas naturales de América Latina, de las intervenciones militares de Estados Unidos. Y todos esos estudiantes dejaban su glamur afuera del salón de clases. Leíamos como encantados por una magia insospechada a Marx, Lenin, Gramsci, y descubríamos, literalmente, cómo los gringos se habían aprovechado de nuestras culturas. La iluminación venía de libros como Para leer al Pato Donald de Mattelart y Dorfman, el Manual de economía política de Nikitin o los Conceptos elementales del materialismo histórico de Marta Harnecker. La educación en aquella facultad era evidentemente marxista del todo.

Siempre he tenido la sensación de que la formación que muchos recibimos en aquellos años en esa facultad era bastante inútil. Tal vez algunas de las herramientas que obtuvimos entonces nos ayudan a entender en cierta medida la realidad que vivimos, pero no a descifrar del todo el mundo que habitamos. Se necesita más que eso para comprender los fenómenos de la migración, el crecimiento de las ultraderechas, la proliferación de las plutocracias, la llegada al poder de figuras psicológicamente desequilibradas como Donald Trump.

Sin embargo, Harnecker, chilena, psicóloga, autora de 80 libros sobre marxismo y política, vio llegar a las librerías, a las aulas universitarias, a las manos de miles de estudiantes, más de 70 ediciones de sus Conceptos elementales del materialismo histórico. Ahora que acaba de fallecer la recuerdo con agradecimiento.

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