Sentido contrario

Heidi

Héctor Rivera

Heidi está perdidamente enamorada. El dinero y el glamur son sus más grandes pasiones. También los pajarracos. En nombre de estas pasiones ha hecho de su vida una máquina de audacias que la ha llevado a los titulares de los periódicos de buena parte del mundo, a las películas documentales, a los libros, a las conferencias de superación personal muy bien pagadas.

La mera verdad es que Heidi es un ser extraño. Ha tenido siempre una extraordinaria capacidad para triunfar, pero nunca ha tenido habilidad para evadirse del fracaso. Con apenas cuatro meses en su primer negocio en serio ganó su primer millón de dólares y compró enseguida la casona que ocupó uno de los más acaudalados santones de la industria fílmica de Hollywood, Michael Douglas, mientras su familia pensaba que estaba en la escuela muy modosita.

Su lógica es sencilla. Hay personas que nacen con talento para pintar y se entregan al arte como una necesidad vital. Son virtuosos. Heidi es una virtuosa en el negocio de la prostitución. Es lo suyo.

Comenzó en su adolescencia cuidando a los niños de amigos y vecinos y no tardó en organizar una amplia red de nanas que le dejaba jugosos ingresos. Otras adolescentes trabajaban para ella. A los 13 ya era ampliamente conocida entre los apostadores en el hipódromo.

Andaba por los 20 cuando una filipina chaparra y de escasa cabellera la introdujo en el negocio de la prostitución de altos vuelos. Como su asistente, se hacía cargo de las citas, de los pagos y cobranzas, de la agenda de clientes, en la que figuraban los nombres de políticos, industriales del cine, estrellas de Hollywood, funcionarios públicos, figuras de la música. Ahí estaban minuciosamente anotados los nombres de los más asiduos clientes y sus gustos eróticos, desde Mick Jagger hasta Michael Nathanson, el presidente de los estudios Columbia, pasando por Charlie Sheen, Johnny Depp, Oliver Stone y George Lucas. Jack Nicholson. Le encanta aspirar cocaína y golpear a las chicas. George Harrison. Toca el ukelele mientras le practican sexo oral. Warren Beatty. Padece eyaculación precoz. James Caan. Se conforma con practicar sexo oral a las chicas…

Flaquita, con inocente cara de yonofui, Heidi se apoderó de la preciada agenda cuando su jefa fue a dar tras las rejas. Uno a uno llamó a los clientes y se puso a sus órdenes. Sus ingresos sumaban millones. Hasta que un día salió a tirar la basura y alguien le puso unas esposas. Atrás quedaron los soleados días con su centenar de chicas jóvenes, bellas y dispuestas a casi todo, conversando, riendo, bebiendo y escuchando música alrededor de la piscina.

Heidi pasó 21 meses en prisión, acusada no de prostitución, sino de evasión de impuestos. Hoy, a sus 54, vive en un rancho en las afueras de Las Vegas, con un par de amigas lesbianas y un montón de ruidosos pajarracos. De aquellos días solo conserva un tesoro: su agenda. 

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