Sentido contrario

Hombres en la Luna

Héctor Rivera

Cuando Georges Meliés filmó su Viaje a la Luna parecía muy divertido con una muy loca idea: un pequeño grupo de astrólogos construye un cohete para viajar al enigmático satélite. Al llegar, son atacados por los selenitas, que llevan las caras pintarrajeadas, portan huesos en los cabellos y emplean lanzas y escudos. Los sorprendidos viajeros se defienden desapareciéndolos al golpearlos con sus paraguas, y finalmente huyen de regreso a la Tierra en caída libre.

Realizada en 1902, la breve cinta no era sino una fantasía alimentada tal vez por las expectativas del nuevo siglo, pero repite las más elementales pulsiones del colonialismo francés: los expedicionarios llegan a la Luna con el ánimo de colonizarla y reclamar en consecuencia su propiedad, en tanto que los selenitas se comportan como torpes salvajes que brincotean en calzones.

La confusión entre astrónomos y astrólogos, que hace que los científicos vistan una suerte de batones y sombreros de cucurucho con estampados de planetas y asteroides, propicia el espectáculo comercial de un verdadero choque de culturas.

Más allá de la belleza del relato fílmico de aquel hombre tan juguetón como talentoso, perdura hasta la fecha una suerte de obsesión patrimonialista sobre la Luna. Muchos la han visto como una joya al alcance de la mano sin hallar un modo práctico de apoderarse de ella. La llegada del hombre a la Luna hace 50 años hizo renacer una expectativa que cobra a veces el tono de una amenaza. En los últimos días el presidente de Estados Unidos insistió en que muy pronto la bandera estadunidense habrá de ondear en el suelo lunar y en el marciano. El presidente francés dijo poco después que está integrando una suerte de ejército espacial.

Pero no solo están en juego las pulsiones imperialistas de naciones como Estados Unidos, China, Rusia, Francia o India. Hay también en juego grandes intereses económicos asociados con los viajes turísticos, las empresas científicas, los consorcios del transporte, carga, alimentación y hotelería. Forbes calcula el valor de esta naciente industria en unos 800 mil millones de dólares para el ya muy próximo 2030. Algunas empresas especializadas en el comportamiento de los mercados calculan que este negocio al servicio por lo pronto de los más acaudalados tendrá un desarrollo sorprendente en el curso de los próximos 10 años. Es decir que en ese muy breve plazo los ricachones habrán de trepar a una nave espacial para ir de vacaciones en un crucero turístico a la luna.

Empresas como  Virgin Galactic, Sierra Nevada Corporation, SpaceX, Blue Origin, Bigelow y United Launch Alliance ya se preparan para disputarse la selecta clientela de este mercado de verdadero lujo.

Verne, Wells y Meliés serán entonces reconocidos como los imaginativos artífices de un prodigioso sueño que apenas comienza con los pies bien puestos en la Tierra. 

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