Sentido contrario

Morir está de moda

Héctor Rivera

Los llevaban hasta la orilla del precipicio y ahí les daban un pequeño empujón. Por supuesto, nunca escucharon sus gritos de pánico ni supieron de los sufrimientos de familias enteras descabezadas.

En estos días comparecen ante la justicia para rendir cuentas por sus actos criminales, por su alma negra. El diario francés Le Monde ha relatado hace unos días cómo Noemí Louvradoux, hija de Remy Louvradoux, se ha sentado en las primeras filas de la sala de audiencias para insultar en su cara a quienes propiciaron la muerte de su padre. Noemí estaba a punto de cumplir 18 cuando su padre se procuró la muerte. El 26 de abril de 2011, a sus 56, se prendió fuego frente a las oficinas de la empresa donde trabajaba: France Telecom. Frente a los siete funcionarios de la empresa sometidos a juicio no deja de echarles en cara la manera como orillaron a su padre al suicidio. “Lo asesinaron, mataron nuestra vida familiar, es un horror y ellos son los responsables”.

El método para deshacerse de Remy fue el mismo que aplicaron a muchos otros empleados de la empresa: desaparecieron su puesto, lo pusieron a disposición, lo trajeron de aquí para allá, le quitaron beneficios y prestaciones, hasta que lo hicieron picadillo. Lo llevaron hasta la orilla del precipicio y le dieron un pequeño empujón.

Hoy denominada Orange, la empresa está acusada a través de siete empleados de alto nivel de acoso moral. Con 120 mil trabajadores a su servicio, la empresa decidió a partir de 2007 recortar su plantilla eliminando 22 mil plazas. Echó a andar entonces un programa perfectamente diseñado para hostilizar a sus trabajadores. El sufrimiento que hizo pedazos la tranquilidad laboral de miles de empleados de todos los niveles llevó al suicidio a unas 20 personas. Hubo además 12 intentos y ocho empleados se hundieron en el pantano de la depresión. Hubo quienes saltaron de un puente o de un edificio, quienes ingirieron cocteles de medicamentos y alcohol, se ahorcaron o se prendieron fuego, como Remy.

Prácticamente lo que hicieron los funcionarios de la empresa telefónica fue una suerte de asesinato colectivo. Sin embargo no están sometidos a un juicio criminal, sino por una acusación que el Código Penal francés define como acoso moral: “acosar a otras personas con palabras o comportamientos repetidos que tengan por objeto o efecto una degradación de las condiciones laborales susceptible de atentar contra sus derechos y su dignidad, alterar su salud física o mental o comprometer su futuro profesional”.

Si son hallados culpables y condenados finalmente, los funcionarios podrían recibir hasta un año de prisión y deberán pagar una multa de 15 mil euros. Es decir, impunidad casi total.

Después de todo, el director general de la empresa, Didier Lombard, ha enfrentado el juicio con el argumento de que los suicidios no responden más que a una moda.

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