Relatos de andar y ver en bici

Día en Clifden

Hernán Ramos Cobo

Que no se vayan al fondo del recuerdo las memorias de un viaje que ya se ha quedado atrás. Ya casi es septiembre pero quiero recordar que amanecimos un día en Clifden, en un departamento en el segundo piso de la calle central, y nos sorprendió mucho que la marea había bajado un resto, haciendo ver como apenas un charco la entrada de mar que un día antes lucía titánica. 

 
El día en que mi primo David se dio en la mandarina, despertamos con el deseo de recorrer el Sky Road, un recorrido de 30 km aproximadamente que te lleva al oeste de Clifden, en un camino de colina sobre mar donde te lleva la brisa, rodando por caminos de mar y acantilados, piedras, islotes y el agua, siempre el agua atlántica, te lleva de la mano hasta las esquinas mas occipitales (yo creo que desde que aprendí esta palabra no la había utilizado nunca más). En la última esquina, faltando 100 metros para el hotel, una leve grava toma por sorpresa a David y a sus llantas, y lo hace patinar sabroso por el gris asfalto del Sky Road. Se lleva el joven un buen golpe en el codo pero de eso les contará el mañana.

El batallón de San Patricio fue un batallón de guerra integrado por migrantes con experiencia militar, quienes habían llegado a Estados Unidos buscando el sueño americano. Nomás tocaron tierra gabacha, se enlistaron en la mili para ir a la batalla contra México, en la guerra de intervención norteamericana en 1846.  

Los compas eran en su mayoría irlandés y católicos, comandados por un carnal llamado John Patrick Riley. 

 
No vaya usted a creer amable lector, pero los integrantes de este batallón se cansaron de estar tragando “manure” del ejército de Estados Unidos. No compartían ni religión, ni nada. 

Encontraron de inmediato la injusticia en la causa yankee, llena de atrocidad en tierras mexicanas, y decidieron desertar.

Se unieron a la causa mexa. Se sumaron a las filas del enemigo. Cambiaron de bando. Fueron parte del ejército Mexicano y defendieron estoicamente la ciudad de Monterrey. Pelearon cuerpo a cuerpo, cara a cara, con legiones de infantería, a quienes les hicieron ver su suerte. Fueron el forastero que se funde en las faldas de las mujeres que seguían a todo espíritu del bien, transitando a través de las tinieblas. Tuvieron familias mexicanas. Fueron fusilados.

Es la única ocasión en la que a Estados Unidos se le ha formado en contra toda una unidad militar enemiga, a partir de desertores de guerra. 

Así de profundo es el arrastre de nuestra tierra amigos. En Clifden hay un monumento en honor a este legendario batallón, ya que de aquí era el comandante Riley.



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