Crónica

Quedan el odio y el miedo

Hugo Roca Joglar

Sonia (digamos que se llama Sonia) tenía 19 años y estudiaba Comunicación en la Ibero de Ciudad de México. Raúl (digamos que se llama Raúl), uno de sus maestros, 23 años mayor, le dijo que podía convertirse en una gran periodista, que él podía ayudarla, y la invitó a un bar en donde le presentó a reporteros y editores.

“Al final de la reunión, me llevó en su coche a mi casa. Intentó darme un beso. Me quité; me dijo: ¿qué tienes?, le dije que no me gustaba, que no quería besarlo; me tomó con las dos manos la cabeza y la jaló hacia su entrepierna; me dijo: no sólo vas a besarme, sino también a mamarme la verga, pinche vieja pendeja”.

Sonia lo empujó y se bajó del coche. Al día siguiente, en la universidad, Raúl la llamó después de clase; dijo: qué peda nos pusimos ayer, ¿no?, a ver si la repetimos, y Sonia quiso pensar que sí: “que éramos dos adultos pedos; él quería coger, yo no: me negué y ya; pensé: otro hombre imbécil con el que jamás voy a volver salir, pero todo bien”.

Cinco años después, las mismas cosas ya no son las mismas cosas; han regresado a Sonia cargadas de otros significados. Nada estaba bien: Era su maestro; le ofreció ayuda profesional a cambio de sexo; ante su negativa, él la agredió verbal y físicamente, y amenazó con meterle su pene en la boca a la fuerza. Siniestros y dolorosos significados que poco a poco Sonia ha comprendido: “toda esa violencia machista que sufrí, toda esa violencia machista que justifiqué porque me educaron para sentir normal, es el origen del feminicidio; para mí fue un jalón de cabeza y un pinche vieja pendeja; tuve suerte, pero bien pudo haberme matado”.

Cinco años después, en el entorno del movimiento #MeTooPeriodistasMexicanas, Sonia enfrentó a Raúl.

“Lo cité en un café y le dije que lo que me hizo me rompió, que lo que me hizo me ha lastimado profundamente”.

Sonia esperó de Raúl escuchar un: lo siento, asumo mi responsabilidad: me arrepiento; crecí así, lleno de conductas violentas hacia la mujer. Así me educaron. Ya busqué ayuda. Aspiro a, en un futuro, poder relacionarme con mujeres desde otros lugares más luminosos. Pero lo que Sonia encontró fue muy distinto:

“Me amenazó con demandarme por difamación si osaba denunciarlo. Me dijo que si yo destrozaba su vida, él se iba a encargar de destrozar la mía”.

Buscó conciliación y encontró incomprensión y ansia de venganza; Sonia ha quedado triste y confundida; siente que las distancias se han vuelto insalvables: un imbécil hombre agresivo asustado contra una mujer rota, y ahí no existe reconciliación posible. Quedan el odio y el miedo; el terror y la intolerancia. Queda esta interminable tristeza negra y amarga que todo lo cubre y todo lo abarca en un país como México, donde 10 mujeres son asesinadas diariamente por el hecho de ser mujeres.

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