Peor para la verdad

Transición democrática o el eterno retorno

Humberto Zurita Eraña

El reto al que se enfrenta el país va más allá de los discursos y de las buenas intenciones. Es avanzar en el camino de la normalidad democrática, de la convivencia respetuosa y del respeto a las instituciones. Significa seguir avanzando como país y como sociedad.
Por eso, resulta aleccionador lo expresado por el expresidente de Uruguay, José Mújica, en días pasados en el Festival de Cine de Venecia, a donde asistió para ver la exhibición de dos películas que narran los años de cautiverio que tuvo de 1973 a 1985. De manera clara y sencilla, como siempre lo ha caracterizado, dijo que “Y hay cuentas que no las paga nadie, ni se debe intentar cobrarlas tampoco, porque si no, no vive para delante. Lo importante de la vida es el mañana”.
El mañana, el futuro es lo que importa. Anclarse en el pasado no abona al desarrollo. Por eso, es de suma importancia entender que el momento actual de nuestra vida política es de conciliación, de acuerdos, de diálogo. No se puede seguir en las posiciones de una oposición contestataria y beligerante. Ahora que la mayoría legislativa en el Congreso de la Unión es del partido Morena, resulta importante cerrar el capítulo de las escenas de protesta en las cámaras con cartulinas, mantas, gritos y porras.
Nietzsche, en su concepción filosófica del tiempo, indica que este consiste en aceptar que todos los acontecimientos del mundo, todas las situaciones pasadas, presentes y futuras se repetirán eternamente, de acuerdo a la tesis del eterno retorno.
Ahora que el Congreso de la Unión se instaló, las primeras imágenes y decisiones que se han tomado desde ese poder, hacen que vengan a la memoria lo que Daniel Cossio Villegas calificó hace 40 años como las cuatro lacras que aplastan la política mexicana: el excesivo poder del Presidente; el predominio aplastante del Partido Oficial; El peso asfixiante de la Federación sobre la vida regional y las costumbres políticas mexicanas.
Si se reedita el culto caudillista al líder y la presencia omnipotente del partido en el poder, a su servicio, con el control vertical que asegura obediencia, no se estaría avanzando en el camino de la normalidad democrática que espera la ciudadanía.
El dilema del próximo gobierno será avanzar hacia una democracia verdadera o confirmar la teoría de Nietzsche, que nos regresaría al pasado otra vez, ¿no cree Usted?

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