Trampantojo

La Villa Panamericana, monumento a la corrupción

Jorge Fernández Acosta

Pasan los años y ahí está como signo insobornable de una historia infame. La Villa Panamericana cumple así con los designios de su destino y se ha convertido en el referente paradigmático de la sinrazón y la desvergüenza. Desde su origen, a partir de los procesos torcidos que permitieron su construcción, el edificio de la estulticia mostró de cuerpo entero la calaña y la voracidad de sus creadores quienes han sido los destructores sistemáticos de la ciudad. Con ella se violó la normatividad urbanística y ambiental; Se hizo uso abusivo e inadecuado de recursos públicos; no existió jamás un ejercicio de planeación eficaz para mitigar sus efectos negativos sobre la franja de amortiguamiento del bosque y las zonas de recarga de acuíferos; se incurrió en un desprecio absoluto por los más altos valores de la sustentabilidad y, con su presencia en ese emplazamiento privilegiado, representa una amenaza de urbanización descontrolada que atenta contra la lógica del desarrollo.

Hoy por hoy, nos damos cuenta de todas las historias oscuras en torno a cómo fueron estructuradas las artimañas para llevarlas a cabo. Obvio, todo ello en el universo de las profundidades que existe en el bajo mundo de la política de la usura soportada en el erario. Desde el principio se pretendió hacer un gran negocio que al final no les resultó a causa de sus tropelías y engaños. Triquiñuelas articuladas, cochupos dirigidos, transas controladas y pactos obscenos fueron las estrategias que permitieron la ejecución de una obra que ejecuta nuestras aspiraciones y somete nuestros sueños por alcanzar la calidad ambiental en ese entorno esencial ´para la vida que es el bosque La Primavera.

Ahora, los ciudadanos que trabajamos en la procuración de mejores condiciones para la convivencia civilizada, tenemos a cuestas una obligación trascendental, relativa a impulsar campañas y programas de concienciación a la comunidad que nos hagan comprender, como sociedad, la importancia de recuperar y respetar los principios fundacionales de la ley y luego resarcir los daños provocados por el nefasto interés de aquellos a quienes sólo les interesan los intereses económicos y quienes desprecian o desdeñan el relevante papel que implica mantener y preservar la naturaleza en equilibrio con el crecimiento ordenado con base en la eficacia de políticas públicas que fomenten la armonía y propendan a la construcción social del bienestar compartido.

A las autoridades competentes en materia de planeación del desarrollo y, aún más, a los gobernantes, les obliga comprender que es su rol y compromiso conseguir la mejora de los procedimientos que nos conducirían a definir innovadoras prácticas para garantizar la equidad urbanística en aras de constituir modelos ejemplares para que las generaciones futuras encuentren los elementos esenciales y las bases sólidas para consolidar sus capacidades en pro de edificar escenarios para superar las amenazas y solventar los riesgos de habitar junto al bosque. Es por ello que DESMANTELAR la Villa Panamericana constituye la oportunidad histórica para mostrar y demostrar que, como ente social, somos los suficientemente inteligentes para comprender que ningún costo económico es superior a los costos por el daño ambiental y, mucho más, que ningún argumento será capaz de mantener en pie el MONUMENTO A LA CORRUPCIÓN por encima de la ley.

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