Los inmortales del momento

"Los pájaros" de Hitchcock vueltos a ver

José de la Colina

Hay tres obras hitchcokianas que se acercan a un cine encantatorio como el poema o la música: Vértigo y su juego entre vida y fantasmalidad; Psicosis y su aproximación al horror sagrado en la cotidianidad sospechable, y Los pájaros como una gran metáfora de la naturaleza cuyo significado desconocemos pero que actúa poderosamente. Las tres obras son de uno de los más inteligentes hombres del cine.

Gracias a una videocasete vi por enésima vez Los pájaros (1963) en una bastante grande pantalla de televisión, y me atrevo a pergeñar esta sinopsis.

Para desquitarse de las burlas de Mitch Brenner (Rod Taylor), al que conoció en una pajarería chic, Melanie Daniels (Tippi Hedren), traviesa muchacha del jet set, se traslada en auto a Bodega Bay, población portuaria a unos kilómetros de San Francisco; accede en lancha motora a la casa de los Brenner y deja allí una pareja de love birds (los cuales son en inglés lo que los pericos son en español, y tienen fama de ser mutuamente muy amorosos). Herida en la frente por el picotazo de una gaviota, Melanie se queda a pasar la noche en casa de Mitch y la familia de éste: la posesiva madre (Jessica Tandy) y la niña Cathy (Veronica Cartwrigth). Este es, digamos, el íncipit de la historia antes de desatarse el apocalipsis ornitológico: una serie de asaltos masivos de las aves contra la gente de Bodega Bay. Los pájaros atacan dos veces a los niños (primero a la salida de la escuela y luego en un pícnic), atacan dos veces la casa de los Brenner (entrando por la chimenea o destruyendo ventanas a picotazos), atacan cegando y matando a un hacendado, atacan e incendian el centro del pequeño pueblo portuario, atacan y matan a la ex novia de Mitch, Annie Hayworth (Suzanne Pleshette), y todavía lanzan dos ataques más a Melanie, su víctima favorita, y se apoderan del pueblo, cuyos más conocidos habitantes discuten el inexplicable motivo de la guerra emprendida por las aves. Y, en un final no bien auspicioso, los tres Brenner y una Melanie maltrecha y catatónica, más los dos love birds que, dice Kathy, nada de malo han hecho, abandonan en auto una Bodega Bay enteramente ocupada por el ejército de aves.

Los pájaros es una fábula sin moraleja, un filme-poema de Hitchcock, quien se basó por tercera vez en una novela de Daphne du Maurier y se ayudó con la cámara sabia de Robert Burks y con el gran talento de Bernard Hermann, que compuso una “música” con el mero ruidero de las aves. Así, durante dos horas y unos minutos, la expectación (¿posible traducción de la palabra suspense?) traza su perfecta curva hacia una explicación racional del asunto… pero la explicación nunca llega, y esta es una de las audacias del realizador: el enigma queda desafiante para el público y la crítica.

Hay mucha tensión trágica en Los pájaros, un drama de lo irracional de la cataclísmica Madre Natura en funciones de diosa fatídica que quiebra el orden racional y social de los humanos. La tensión alcanza sus varios clímax en inolvidables momentos de suspense y terror. El primero es aquel, ominoso, en que a espaldas de Melanie van reuniéndose cada vez más avechuchos acechantes y la subsecuente huida de Melanie y Annie con los niños. El segundo es el del asalto de las aves al plácido pícnic escolar. El tercero, aunque no último, es la secuencia con las imágenes, tomadas desde un punto de vista cenital, en el ataque de los pájaros al centro de Bodega Bay. El cuarto, los feroces picotazos a los cristales de la cabina telefónica en que se refugia (se encarcela) Melanie. Pero no faltan, no podían faltar en una película de Hitch, momentos de reposo entretejidos en la trama, ratos de humor rosa: el comienzo en suave tono de comedia sofisticada, el coqueteo irónico entre Melanie y Mitch en la pajarería, y la broma de la Melanie aportadora de love birds; o momentos de humor irónico o negro: la petición, gritada en la cafetería, de cuatro pollos asados mientras se discute sobre la inexplicable (¿pero injustificada?) agresión de las aves, y, allí mismo, el fracaso de la vieja dama, ornitóloga amateur que arguye la bondad de las aves y es coreada por un borrachín con versículos bíblicos presagiadores del final del mundo.

La película número 48 del señor del suspense es una narración de signo terrible pero subliminalmente susurradora de algo levemente esperanzador: en medio de la situación negativa que sufren los Brenner y los pobladores de Bodega Bay va surgiendo una espontánea solidaridad frente a las criminales aves y avecillas disparadas a la pantalla por el astuto Hitch como representante de la Madre Naturaleza.

Alfred Hitchcock hizo, de 1964 a 1972, cuatro películas más: las semifallidas Marnie, La cortina rasgada, Topaz y la londinense y entretenida Frenesí, que son decepcionantes por estar filmadas y firmadas por el gran cineasta. Pero éste ya tenía más que ganado uno de los principales lugares en la historia del cine con una grande e impresionante parte de su labor cinematográfica, de la cual Los pájaros es un epítome y una de las perlas de su corona.

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