El Santo Oficio

Línea sin línea

José Luis Martínez S.

Al referirse a la corrupción generalizada de los gobiernos “neoliberales” como detonante del robo de combustibles y de muchos otros problemas del país, Andrés Manuel López Obrador elucubró: “¿Cómo un Presidente no se va a dar cuenta de lo que está haciendo un secretario, de lo que está haciendo un director general?” Tiene razón. Un Presidente debería estar al tanto del comportamiento de sus funcionarios, siempre. Tal vez, en otro tiempo, también debería haberlo estado un jefe de Gobierno del DF, más aún si se revestía de honestidad valiente, pero no fue así: un día reventó el escándalo del cohecho y el fraude y el despilfarro entre sus más cercanos y él no hizo nada, excepto rasgarse las vestiduras. Uno de los suyos, Alejandro Encinas, comentó sobre aquel episodio: “Sí dolió muchísimo, fue un golpe moral, hizo una mella brutal. El cazador, cazado”.

En un video, recién electo Presidente, López Obrador dice: “No voy a encabezar el poder de los poderes. Voy a representar al Estado mexicano y voy a ser representante del Poder Ejecutivo. Voy a ser muy respetuoso del Poder Legislativo y Judicial, va a haber división y equilibrio de poderes. No vamos a dar línea a los poderes autónomos e independientes”.

En su conferencia matutina como titular del Ejecutivo, el pasado jueves habló de la creación de la Guardia Nacional, planteada en su Plan de Paz y Seguridad 2018-2014, aprobada un día antes en la Cámara de Diputados. Se reformaron 13 artículos constitucionales para hacerlo, pero como él no quedó satisfecho con el resultado, y como el dictamen pasa ahora a la Cámara de Senadores, dijo: “Nosotros tenemos que pedir respetuosamente a los senadores que se contemplen temas que fueron eliminados en la aprobación, sobre todo lo relacionado con la participación de las fuerzas armadas en el proceso de capacitación, de formación… Y la definición con claridad sobre la facultad de las fuerzas armadas para intervenir en asuntos de seguridad pública. Eso tiene que quedar claro… Y había un artículo transitorio que se propuso y fue eliminado del proyecto que se aprobó ayer... Entonces, como pasa al Senado, queremos respetuosamente que se reincorpore ese transitorio, entre otras cosas, es constitucional”.

—¿Cuál sería ese transitorio, Presidente? —le preguntó un reportero.

—Que, durante un tiempo, ahora sí que, de manera transitoria, en tanto consolidamos la Guardia Nacional, pueda el Ejército ayudarnos y la Marina. Se quitó ese transitorio.

No está contento con el trabajo de los diputados en este asunto, lo dijo con absoluta claridad. Por eso en el Senado enmendarán la plana, lo prometió sin demora Ricardo Monreal, desde su inobjetable independencia: “en razón de lo que escuché del Presidente hoy por la mañana, que tiene observaciones a la minuta que nos enviará (la Cámara de Diputados) vamos a actuar sensiblemente, en un auténtico afán de colaboración de poderes”. En el Senado —abundó—, sin detrimento de su autonomía, van a ver la posibilidad “de restituir el cuarto transitorio que habla de la temporalidad de las fuerzas armadas” y de recuperar el espíritu original de la Guardia Nacional planteado por el Ejecutivo.

Monreal no necesitó un llamado de López Obrador para actuar; es diligente y emprendedor, atento a “escuchar la voz del Presidente” para darle gusto. Su actitud se puede catalogar de varias maneras, menos de “obediencia ciega”, eso él no lo admite ni de broma.

En la Cámara de Diputados recibirán de vuelta el documento. Los de Morena y sus aliados lo harán con la mirada en el suelo, con el rostro rojo de vergüenza. Eso les sucede por no hacer bien la tarea, por pasarse de iniciativa, como Pablo Gómez, a quien se le ocurrió eliminar el mencionado transitorio en aras de un pretendido consenso. En los nuevos tiempos, no hay línea, pero sí hay línea, nadie lo duda y los ejemplos sobran.

Ante el horror de los demás

El monje recuerda el libro de Susan Sontag Ante el dolor de los demás (Alfaguara, 2003). Lo hace mientras mira horrorizado, en la televisión y en los sitios digitales, imágenes del atentado en Colombia y de la explosión del ducto en Tlahuelilpan, Hidalgo, a 18 kilómetros de la refinería de Tula. Los videos y las fotos son impactantes, como las narraciones de los reporteros y los testimonios de los sobrevivientes.

En su libro, especie de continuación de Sobre la fotografía, Sontag dice: “En cada caso, lo espeluznante nos induce a ser meros espectadores, o cobardes, incapaces de ver”. A veces no es fácil decidir si vemos o ignoramos las escenas escalofriantes, los cuerpos mutilados o abrasados, si escuchamos los gritos de desesperación o martirio. Lo peor sería volvernos insensibles ante el sufrimiento ajeno.

En México, la tragedia debería servir para la reflexión, para continuar la lucha contra el robo de combustible con una verdadera estrategia, sin improvisación. El huachicoleo es una actividad del crimen organizado con una enorme base social en muchas localidades, no será posible terminar con él cerrando llaves o repartiendo dádivas y cartillas morales. Más allá de la búsqueda de resultados inmediatos y adhesiones instantáneas, sería importante escuchar a los expertos y asumir las decisiones pertinentes para una solución definitiva a este problema.

Queridos cinco lectores, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.

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