Cartas oceánicas

Al rescate del Mundial de Clubes

José Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo

Con la desaparición de la tradicional Copa Intercontinental, un título privado, al que sustituyó el oficialista Mundial de Clubes, un título avalado por FIFA; terminó el pique entre europeos y americanos por encontrar razones que acreditaran al mejor equipo del mundo. Fundada en 1960 no solo fue buena, sino que funcionó durante esos años como un membrete que repartía grandeza. Eran tiempos en los que el futbol sudamericano competía con honor y una enorme cuota de talento frente al rancio bloque europeo, al que le sobraba fuerza, pero le faltaba magia. Entonces era fácil distinguir las virtudes y defectos de cada escuela: a una orilla del Atlántico se jugaba con desparpajo y alegría, en la otra, se imponía la disciplina y el poderío físico.

Fueron grandes enfrentamientos que dejaron 22 Copas en América: 9 para clubes argentinos, 6 para brasileños, otras 6 para uruguayos y una para los paraguayos representados por el Olimpia de Luis Cubilla. A Europa se fueron 21: los italianos ganaron 7, los españoles 4, los holandeses y alemanes 3 cada uno; los portugueses 2, y los ingles y yugoslavos una.

Puede decirse que mientras existió la Intercontinental, el mundo del futbol a nivel de clubes se dividió en dos partes, llegando a cuestionar la supremacía europea con argumentos sólidos. Uno de ellos, el temor que sentían los grandes equipos europeos al enfrentar a los rabiosos sudamericanos en un duelo a cara de perro. Poniendo como pretexto los calendarios, el largo trayecto que terminó con Japón como sede neutral desde 1980, y lo ásperos que resultaban estos partidos; Europa menospreció cada vez más este título restando valor a una de las Copas más esperadas del año. La rivalidad terminó. Nunca más volvimos a ver a un club latinoamericano poner en riesgo el prestigio europeo, bien protegido por esa inmensa cobertura de acero y plata que significa la Champions League, frente a la debacle institucional y comercial que arroja la maltratada Libertadores de América. El último Mundial del Clubes, coronado por el tercer título consecutivo de Real Madrid, ha sido una losa para un título que pierde interés cada año. A este moderno torneo, solo lo rescatará el viejo futbol latinoamericano.



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